I'm free to be whatever I whatever I choose

jueves, 23 de julio de 2015

Su peso en oro.


  ¿Cuál es el valor real de las cosas?
¿Qué es lo que vale en sí una acción tan simple como el movimiento?
Como por ejemplo, el movimiento hacia un sitio tan oscuro como el final de mi mente. Lugar donde anidan mis ideas más peligrosas, y que hacen de mi un ser tan abrupto.
No sé si estas ideas están ahí por elección mía o no, pues no recuerdo nada en absoluto sobre ellas.
Sólo puedo decir que son las causantes de muchos de mis problemas. Al igual que las dueñas de casi todas mis personalidades.
Al fondo de mi mente no hay luz. Pues si la hubiera, vería el camino que han seguido todas ellas para llegar hasta ahí, y de esta manera seguir el rastro que han dejado sobre esta.
Tampoco hay temperatura alguna, pues es un lugar demasiado inhóspito para que ni siquiera exista el calor, el frío o los grados.
En el fondo de mi mente no aflora la esperanza, ni el futuro. Porque aquí no aflora nada que no sea oscuridad. Pues es el hábitat perfecto para la simple nada.

miércoles, 4 de marzo de 2015

¿Qué es un verdadero arte?

El arte. ¿Qué podemos entender por arte? Se puede considerar algo así como una depuración máxima de una acción tal como escribir, pintar o cantar. Simplemente debes realizar dicha acción de una forma tan sumamente perfecta que se pueda denominar de esta manera. Perfeccionar una acción hasta un punto en el que puedas ser considerado un maestro en la materia, los que algunos llaman artista.
Dicho esto, yo soy un artista. Desde el mismo día que nací, lo supe.
Simplemente necesito un espacio físico, no muy grande, para empezar a realizar mi gran obra.
Aunque también soy mago, y mi especialidad suelen ser los juegos de manos. Soy capaz de hacer desaparecer cosas sin apenas movimiento ni distracción.
Pero, ¿qué es la magia? Porque no es lo mismo que el arte. Aunque habrá quienes digan que la magia no es más que el arte del engaño.
Entonces, diremos que la magia es la capacidad de engañar al que se encuentra frente a nosotros, sin que este se de cuenta de que está siendo estafado por sus propia mente.
He de confesar que en ocasiones se antoja harto complicado conseguir engañar a aquel que te mira con lupa para poder ver donde se encuentra el truco o el engaño. Aunque no es imposible.
Porque Señor, ha de saber usted una cosa, esto es magia. Aquí no hay trampa ni cartón, simplemente está siendo usted testigo de una ilusión. No se enerve usted si he sido capaz, de alguna forma, de anular sus sentidos de la percepción durante un breve instante. En el cual me ha dado tiempo a realizar el arte de la magia, del engaño o de la mera distracción.
Es decir, soy un artista y un mago, y mi gran truco no es otro que cagarla sin apenas movimiento ni esfuerzo. Trucos tales como ser capaz de hacer el máximo ruido en una biblioteca abarrotada de gente en la que reina un silencio total al intentar ser sigiloso con una silla, tropezar sobre una pila eterna de botellas de cristal que se precipitan contra el suelo, mientras un grupo de personas miran asombradas o desaparecer instantes antes de que se me necesite de forma urgente...
Dicho así no parece magia, pero os aseguro que lo es. Cierto es que los ejemplos que he puesto no son los mejores, pero también he de decir que la metáfora nunca fue mi recurso literario favorito.
Recopilando, soy un artista, un mago y humano, aunque esto último lo he dudado siempre.
Tengo la capacidad de sentir, lo cual, me hace parecer humano. Aunque sólo sea en apariencia.
Pero no me siento tan normal o humano como el resto de personas que veo a mi alrededor. Opino y veo que no hay muchas similitudes entre aquel hombre que me mira de reojo al fondo del vagón y yo.
En ocasiones, me gusta pararme a pensar que no soy nada más que una estatua y que todo lo que sucede a mi alrededor no es más que una sucesión de actos de los que yo no formo parte y de los que no tengo forma alguna de influir. Pero este experimento no suele salir bien. Porque también soy bastante inoportuno.
Así que repitamos otra vez, soy artista, mago, humano e inoportuno. No es una mala combinación de adjetivos y atributos para aquel chico que se comenzó a aburrir en el Metro mirando a través de esas absurdas ventanas, y que prosiguió con este relato caminando un breve tramo en un intercambiador de Madrid. Y que fue capaz de dar fin a esta historia en un bus mientras veía al Sol decir adíos allá a lo lejos, otra noche más.
Porque esto no es arte, sino palabrería. Ni tampoco magia, sino ingenio.


jueves, 20 de noviembre de 2014

Paso al frente.

  Vengo a hablarte del retrato de tu mirada.
De la angustia de esos ojos,
que un día tanta paz me inspiraron.
Vengo a decirte lentamente que no llores,
que no gastes sufrimiento por este ingenuo.
Sal.
Destruye castillos de arena,
pisa el aire con fuerza,
y lánzate a por el imposible.
Juega con mil y un desconocidos.
Besa.
O incluso ama.
Pero no pierdas esa luz en tu mirada.
Esa sonrisa tan poderosa,
ni esa belleza innata.

martes, 6 de mayo de 2014

Sin hacer ruido.

Como cuando mueres en un videojuego, como marcarse en propia o saber que te has equivocado. Siento que necesito darle a botón de reinicio, que me arrepiento de todo lo que he hecho y hago. Yo no soy el resultado natural de la ecuación que es y ha sido mi existencia. Siento que en algún momento me equivoqué al sumar. Que tal vez los signos me hallan pasado una mala jugada.
No me sirven esas frases de que a la vida hay que tratarla con sonrisas, de que te caes para poder levantarte, y todas esos sinsentidos que la gente estúpida cree a pies juntillas.
La vida sólo tiene una dirección, esa dirección es hacia delante y no hay vuelta atrás. Sé lo que tengo que hacer para avanzar, pero no me siento capacitado para avanzar, pues no quiero seguir montado en esta nave. Necesito volver a atrás. Volver a ser libre, inocente y feliz.
Me obsesioné con ser el príncipe que toda princesa desearía, pero me di cuenta demasiado tarde de que la república se había apoderado del pueblo. Que los cuentos de hadas pasaron de moda. Y de que la fidelidad es algo obsoleto hoy en día. Poco a poco pasé a obsesionarme con ser el niño que toda niña querría a su lado y sin darme cuenta dejé de ser un niño y pasé a ser adulto.
Una cárcel de cristal negro me empezó a absorber. Lentamente dejé de ser libre. Y pasé a ser la versión marrón de mi yo impoluto. En el fondo de mi ha crecido algo que ha matado a mi antiguo yo. Pero los pocos resquicios que se han salvado, no dejan de añorar lo que un día fui.
No se puede avanzar de esta forma. Es un caos vestido de persona. No es sencillo la convivencia conmigo. Pido perdón a todos aquellos que sufren mi sufrimiento. No suelo hacer ruido cuando siento dolor. La soledad suele ser una buena opción para liberarme del sufrimiento. Pero cada día es una lotería. No sé que fantasma me despertará. Aunque eso significaría que me han dejado dormir, lo cual no es mala señal.
No recuerdo la última vez que no me desperté en medio de la noche asustado por los ruidos de mi cabeza. Con el paso del tiempo me está empezando a costar más diferenciar el mundo real del mundo de mi cabeza.
Allí mis fantasmas me visten de largo y de corto. De magnífico e  incluso de único. Allí no sufro. Allí no necesito dormir, no hay voces. Es todo una utopía donde soy el protagonista.
Pero cuando salgo de allí veo la oscura realidad donde vivo. Soy el culpable de todos mis males.
He aprendido, lo juro. Quiero cambiar, también lo juro. Pero primero necesito volver a atrás.
Puede que yo también sea una persona estúpida pues tengo la frase de que todo tiempo pasado fue mejor grabada a fuego en le pecho. Pero creo que necesito volver a atrás. No me incentiva nada. Todo me sabe a gris y a repetido. ¿Dónde quedó mi gran verano moral? Donde todo era nuevo, donde el color explotaba en mi cara, donde nada ni nadie era capaz de pararme.
Me siento como el fracaso de una gran esperanza. No sé si algún día volveré a ver el color en todo esto, pero hasta entonces seguiré vagando por la vida. Sin destino, ni rumbo. Con la obsesión de mirar al cielo cada noche para ver si las estrellas me responden al fin a la pregunta que un día les hice.

lunes, 5 de mayo de 2014

Azul oscuro.

No es sencillo. Otra vez perdí la inspiración. Otra vez más mis musas se perdieron entre la espesura de mi mente. No me gusta escribir sin saber qué decir. Pero no me queda más. Pongo mil puntos. Uno tras otro. Necesito frases cortas. Para así poder seguir escribiendo. Hasta ahora no he dicho nada interesante. Y dudo que lo consiga hacer.
Me estoy empezando a plantear contaros mi día, contaros las absurdas ideas que proceso cada segundo, las mil caras que miro e imagino cuales serán sus intrigantes futuros. O simplemente os podría hablar de aquel día en el que realmente maduré. El momento en el que mi mente asumió que era el momento de crear un nuevo 'Yo'.
No sería mala idea empezar diciendo el día, el año o el lugar. También quedaría bien hablar de algún que otro personaje o empezar a contaros sobre qué os estoy hablando. Pero si hiciera eso, dejaría de ser yo.
Comencemos:
    La oscuridad dominaba el horizonte. Los gatos pardos se adueñaron de las calles. Un hombre solitario salió acompañado por un puñado de lágrimas que se habían propuesto salir todas de golpe sin mirar atrás. Era un llanto seco. Lloraba en silencio mientras caminaba por la nieve. Una camisa remangada le cubría, pero este no sentía nada. Solamente caminaba buscando desvanecerse entre los fríos copos de nieve.
La gente en sus casas sacrificaron al silencio que teñía la noche con gritos de alegría y júbilo mientras este seguía su camino hacia ningún lado. Con las manos en los bolsillos empezó a convertirse en un hombre mientras las lágrimas amainaban. Cuando las lágrimas cesaron empezó la rabia. Los puñetazos le supieron a poco, pese a que de sus nudillos gotease sangre. Comenzó a gritar mientras continuaba golpeando con todas sus fuerzas aquel poste de luz que aún a día de hoy sigue abollado por la rabia de aquel joven desesperado.
No había frío, no había dolor físico, sólo había rabia. La madurez se había apuntado a la cena de Noche Vieja sin avisar. Sin darse cuenta, esta, marcó a muchos de los allí presentes.
Nuestro querido joven clavó las rodillas en la nieve para empezar a procesar información. No había golpes, tampoco lágrimas, sólo silencio. Sabía que cuando volviera a entrar todo cambiaría, pero que si no entraba la realidad saldría a buscarle.
Lentamente se levantó y miró al horizonte. La hora de la verdad había llegado. El niño había muerto, el joven había madurado y el adulto se empezaba a ver a lo lejos.  Las voces aparecieron ese día, los miedos de antaño se vistieron de realidad y esta vez vinieron para quedarse.
Volvió a entrar con la mirada perdida. En la entrada dio su última bocanada de aire como niño. Esta fue profunda, agridulce y no tan larga como le hubiera gustado. Los fantasmas se apoderaron de su mente y comenzaron a verter el veneno que poco a poco le irá matando. Cerró los ojos y avanzó dejando el miedo en la puerta.
Llamó, le abrieron y la metamorfosis del joven concluyó.

domingo, 6 de abril de 2014

Ella siempre fue genialidad.

   Hoy hablo del ayer,
y mañana hablaré de este mismo instante.
Pese a que el momento cambie,
el tema permanece.
Tú serás siempre mi trama, mi tema y mi obsesión
aunque mi cuaderno se quede sin hojas
y mi cuerpo desaparezca,
tú seguirás ahí.
Me guías en la oscura noche,
me das refugio en la tormenta
y en la guerra me llenas de esperanza.
Eres aire al entrar en mi boca,
pero vida al salir de ella.
Eres poesía entre mis dedos,
arte en la mente de algún loco
y genialidad para nuestros oídos.
Eres amor y odio,
capaz de lo mejor y de lo peor.
Moldeable como el viento,
frágil como un sentimiento
pero indestructible como una idea.
Eres mi mayor arma y deseo.
Tú me destruirás, pero a ti me acojo.
Algunos te temen, y
con puños te combaten.
Aunque en medio del silencio te desvaneces
yo te amo y hoy te canto.
Palabra eres esperanza en mí.





sábado, 29 de marzo de 2014

Cenizas.

   Y es entonces cuando despiertas y al abrir los ojos te das cuenta de que todo lo que has hecho en tu no muy larga vida no vale de absolutamente nada. Carece de valor. Has vivido una existencia insignificante.
Sopesas cada una de las acciones que has cometido, y llegas a la conclusión de que has sido incapaz de retener algo. Siempre con miedo a perderlo, luego a tenerlo y de nuevo, a volver a perderlo.
No es frío ni calor, es simple vacío. Escribo sin levantar la cabeza, pues no creo que sea merecedor de sentirme orgulloso de esto que escribo.
Ni un sólo logro en mis queridos veinte años de vida. Pese a ser educado para ser un ganador, no me he atrevido a competir en esta vida.
Llevo cuatro años anclado en un punto de mi existencia. Pese a que esta etapa comenzara siendo el momento más glorioso y feliz de mi vida, ya no aguanto más. Está llegando a ser una etapa demasiado tortuosa como para seguir viviéndolo sin darse cuenta de que estoy comenzando a perder el norte, el sur, la cordura y la brújula entera.
Mi existencia no es frágil, y aunque no me guste, soy incapaz de pasar desapercibido. Las personas, las mujeres, la vida, todo en algún momento del día me llama para que relacione con ello. Me relaciono, me sacio y desparezco. No hago más, simplemente me introduzco levemente bajo tierra y abandono la escena.
A la larga, no es que duela, si no que te das cuenta de que no formas parte de nada. Nadie te llega a considerar muy valioso, ni útil siquiera. Simplemente otra barra en este código infinito que es la vida.
No siento necesidad de gritar. Ni de revelarme. Solamente siento que debo cambiar, COMO CADA VEZ QUE ME OCURRE ESTO.
Pero esto se arregla sencillo, pues mañana al despertar todos estos pensamientos agridulces habrán sido escondidos bajo la alfombra de mi mente por mis fantasmas. Para así, que otro día haciendo limpieza por la habitación de mi cabeza me encuentre de nuevo estos recuerdos, y sea un volver a empezar de nuevo.
Supongo que en momentos como estos me doy cuenta de lo hipócrita, de lo superficial, de lo narcisista y de lo egoísta que he llegado a ser.
Es más sencillo huir que afrontar los problemas. Yo siempre me he sentido orgulloso de mi capacidad para poder abandonar desde una habitación hasta una vida sin hacer apenas ruido, y es ahora cuando me doy cuenta de que tiene más mérito cerrar la puerta de la habitación que abrirla. Quedarse y arreglar aquello que te da miedo y te hace irte para demostrarte poco a poco que puedes empezar a sentirte orgulloso de ser una persona incapaz de huir y de esta manera poder resistir y crecer.
Algo caótica es mi vida. Siempre con mis más y mis menos. Siempre buscando un rayo de luz en mi callejón de sombras. No es divertido, simplemente es lo que hay. Llevo 20 años viviendo de esta manera y prometo que no voy a cambiar. Que todas estas palabras serán parte de mi olvido en apenas unas horas. Que todos estos lamentos serán polvo del pasado en cuanto cierre los ojos y mis fantasmas comiencen a hacer limpieza. Yo soy difícil, pero gracias a mis fantasmas, soy imposible.

lunes, 10 de marzo de 2014

La magia de la música.

  Te marchaste sin hacer ruido. Recogiste la ropa de la silla desde donde horas antes te miraba desnuda sobre la cama. Te fuiste, dejaste a un pobre hombre tirado y confiado sobre la cama. Como si de un fantasma se tratase, recogiste todo y desapareciste sin que yo me percatase.
Al despertar, imaginé que estabas en el baño, después en la cocina y acabé mentalizándome de que te marchaste porque debías de irte.
Las mil llamadas perdidas que jamás tuvieron respuesta me hizo pensar que algo iba mal. Que ya nunca volverías. Los días pasaban lentamente. Las horas se quedaban paradas esperando a que me volviera loco.
Hasta que decidí ir a verte. Así que cuando te vi salir de tu casa con mis sentimientos bajo el brazo lo supe. Supe que hubo un adiós tan corto y silencioso que a mí me pilló durmiendo.
Tras eso, hubo un tiempo en donde me solía sentar en esa silla y pasaba horas mirando las arrugas del edredón imaginando que tú eras la culpable de tal desorden.
Debiste llevarte la cabeza también, por error, y con ella la cordura la cual se encontraba en una esquina de esta.
Ahora, no tengo cabeza, cordura ni sentimientos.
Me gusta imaginar que soy un ente superior, un ente que no siente, un ente que solamente está para poder completar el círculo. Pero este ente tuvo un tiempo en el que miraba al horizonte y le gustaba recordarte. Primero el pelo oscuro, luego los ojos, la gran sonrisa y por último el gran cuerpo que un día abracé creyendo que sería para siempre.
Pero ya no me queda nada. Ningún recuerdo claro me queda. Desgasté los recuerdos de tantas vueltas que les di. Se deshicieron del uso.
Los meses pasaron. Los meses de lluvia llegaron y se fueron. Y el calor vuelve de nuevo.
Todo este tiempo me ha servido para darme cuenta de que eres mi mayor error y mi mayor acierto. Valió la pena tenerte, pese a luego perderte. Pero luego no valió la pena tenerte, pues al perderte sólo quería tenerte.
Un caos se creó en mi cabeza el día que te vi en brazos de otro. El mundo pitó cinco minutos de descanso para que pudiera sentarme y martirizarme con lo que había visto. Varios días sin dormir siguieron a esa escena. Días de insomnio que disfruté contando los mil puntos de gotele que hay sobre mi cama.
Luego me enteré de que soy un paranoico, que por él sientes realmente amor. Que yo fui algo sin nombre. Que no tenía derecho a sentir. Que no me había leído la letra pequeña del contrato que llevabas en el bolso el día que cruzaste el marco de la puerta de mi casa.
Mil ideas abordaron a este cuerpo falto de sentimientos, pero ya daba igual. En alguien insensible me había convertido. Y para aquellos que dicen que el tiempo lo cura todo, he de decirles que lo que cura todo es el olvido, no el tiempo. El tiempo te regala la posibilidad de recordarla hasta el infinito. Es el olvido el que te ayuda a hacer desaparecer tus recuerdos y así no volver a pasarlo mal. Pero la verdad es que en esta vida todo pasa. Y yo ya no pienso en ti. Un día sin darme cuenta desapareciste del horizonte de mi mente.
Sin darme cuenta pasaste a ser un recuerdo del pasado. Bueno, mejor dicho, una agridulce pesadilla del pasado.
Pero cuando creía que nada podría hacerme pensar en ti, saltó esa canción en el tocadiscos. Esas notas volvieron a dar forma a todos esos recuerdos desgastados que me recordaban a ti.
Durante meses creí que te habías llevado todo. Que me habías saqueado de fuera a dentro. Pero mientras cometías el crimen dejaste algo dentro de mí. Tu música. Fuiste capaz de volver sin apenas moverte.
Siempre dije que no eras como ninguna. Que eras magia besando mis labios. Y con este truco de magia me has hecho darme cuenta de que tengo asumido tu huida.
Me di cuenta hace mucho tiempo de que nada es justo, y que cuanto antes me entere, mejor.
Llevo meses vacío por dentro. Y no sé si será la falta de relleno o mis agallas, te echo de mi cabeza prestada.
Te despido con educación y te digo que vuelve el calor. Ya es hora de volver a creerme capaz de volar.

martes, 4 de marzo de 2014

Caída libre.

Y es como una sensación de caída libre. Es caer en picado sin que nada te sujete, bajando a toda velocidad por el cielo. Sabiendo que tarde o temprano un duro suelo aguarda tu llegada.
Al principio, gritas, te mueves presa del pánico. Pero con el tiempo, llega un momento en que la voz se te acaba, el cuerpo empieza a cansarse y empiezas a cerrar los ojos y a disfrutar de la peculiar travesía.
El viento te pega contra la cara. Está frío, húmedo y poco cargando de esperanza.
De vez en cuando abres los ojos y vislumbras un gran mar de nubes repleto de colores indescriptibles y te quedas embobado viéndolo de tal manera que se te olvida todo. Hasta donde alcanza la vista ves nubes, y es en ese momento cuando comienzas a respirar lentamente y te dispones a seguir disfrutando de la caída.
Poco a poco te vas dando cuenta de que el suelo se acerca peligrosamente hacia ti. Pero apenas te inmutas.
Hay nubes, viento, silencio y tú. Eso es todo el hábitat por el que estás rodeado. Simple, ilógico y real.
En algún momento de la caída te das cuenta de que has llevado durante todo este transcurso una mochila en la espalda. No recuerdas caer sin ella, pero tampoco recuerdas haber mostrado interés sobre ella .
Es muy probable que sea un paracaídas, y puede que esto te salve la vida. Pero no te apetece averiguar si realmente es una simple mochila o tu salvoconducto hacia tu supervivencia. No es por cansancio, porque lo has debido llevar desde que la caída comenzó, sino porque no te llama la atención.
Pese a saber que el suelo está más y más cerca, sigues sin estirar el brazo para tirar de alguna de las cuerdas que sobresalen de la mochila.
Puede que no estés preparado para llevarte la decepción de que es una simple mochila, y que pese a querer sobrevivir, saber que vas a morir. O simplemente, puede que te hallas mentalizado de que tu próximo destino es estrellarte contra el suelo a toda velocidad.
Una pequeña parte de tu cabeza te pide desesperadamente que estires el brazo y tires de la cuerda. Pero aún así sigues sin cambiar de parecer.
Giras la cabeza y ves el cielo de abajo a arriba, ves todo el recorrido que has realizado, y sólo eres capaz de añorar la altura. No te planteas salvarte, sólo un retroceso en el tiempo para poder seguir cayendo un rato más.
Echas la vista atrás y no recuerdas haber vivido sin esta caída libre. No recuerdas vivir sin el aire golpeando tu cara, y el frío martirizando tu cuerpo. Puede que sea por eso que te ves incapaz de aterrizar en el suelo sano y salvo e intentar vivir como si nada hubiera ocurrido.
Pero debes dejar claro que no eres un dios, que en esta vida nada es para siempre, y que a menos que le veas sentido a desplegar el paracaídas, tu fin está asegurado.
Puede que esa persona que cae en picado sea yo, y  puede que no me haya atrevido a hablar en primera persona por miedo a que verdaderamente aquello que tengo en la espalda no sea un paracaídas.

domingo, 2 de marzo de 2014

Otro sonido de mi mente.

 Como un niño chico te miro desde el marco de la ventana de mis deseos. Sentado, con Miedo y con Esperanza a mi lado. Ambos discuten entre sí. Uno me dice que me baje de ahí que me voy a a caer, mientras que el otro me dice que aguante, que confía en que un día llegue a volar, y yo, durante esto, te miro el pelo al verte pasar frente a este pequeño ventanuco de lo más oscuro de mi mente. Entretanto, sonaban de fondo las  mil voces que hablan sin llegar a callar jamás.
El ruido es algo normal ahí arriba. Todo suena, todo opina y yo sólo escucho. Muchas conversaciones son tan efímeras como un 'Buenos días' al cruzarte con un vecino, y otras son mucho más profundas que el mar de tus ojos oscuros.
Tú, la nota básica en todos mis acordes, te veo marchar al fondo de mi mente en dirección opuesta a mis brazos mientras me levanto para verte desaparecer.....
Un día acabaré mucho más loco de lo que estoy. Pero yo no puedo culparte a ti, pues yo culpo a mis ojos. Porque son ellos los que no dejan de mirarte. Pero me siento, me tranquilizo y sólo puedo parar de culpar a estos, para empezar a culpar a mi cabeza por no parar de pensar en ti.
Es una situación algo caótica, pero es mi día a día.
He mirado mil veces cada uno de los pliegues de tu dulce cuerpo. He pensado en cada uno de los fantásticos momentos en donde podría comenzar a culpar a mis manos por tocarte, o a mis labios por besarte. Pero aún así, sigo mirándote impresionado, ante alguien impresionante.
Con tu largo pelo castaño y tus enormes ojos oscuros, los cuales me enloquecen siempre que cruzan la mirada con los míos, hacen que la espera por tenerte se haga infinita. Imposible y agónica.
Dicen que eres normal, del montón, pero si he de dejar atrás mi extravagante mentalidad por ti, adelante. ¡Pintarme de gris y negro! Dejar que pase yo a ser normal a tu lado. Pues sé que tú no eres como el resto, tú tienes algo, tú tienes esa capacidad de hacerme creer.
Voz delicada y fino cuello, así te define mi cabeza. Siempre tímida y con la mirada perdida. Y yo siempre imaginando que aquello que buscas desesperadamente con tus grandes ojos castaños, es mi cara.

martes, 4 de febrero de 2014

Fiel a mis amantes.

Tortuoso es el camino que nos aguarda, que nos espera y que nos depara la vida. Cada paso dado, ha sido como un reto. Al principio divertido, y cuando esta diversión empezó a caducarse, el viaje pasó a teñirse de un color más y más oscuro. Hasta llegar a teñirse con la oscuridad de la fría noche que he tenido que sufrir para no llegar a ningún lado.
En ningún lado, me he sentado a ver el mundo girar. Sentado sobre un frío banco en medio de la noche, veo como el barco que un día construí con todas mis esperanzas y sueños, ha zarpado sin mi. Me he quedado en tierra. Con el ancla puesto a algo. A un algo que aún no me proporcionado nada. Este, sólo me ha enseñado a mirar a la lejanía, a mirar en la dirección hacia donde mi barco partió.
Mi mente ha comenzado a hacer virguerías, auténticos actos que ningún cuerdo de mente podría llegar a imaginar jamás. Ha comenzado a viajar hasta lugares más recónditos de los límites de la mente humana. Ha imaginado actos que han conseguido erizarme el pelo de los brazos, pero después de todo esto, ha sido la única cosa que jamás me ha abandonado. Hemos sufrido mucho juntos, sé que ella ha sufrido por los dos, que ella ha aguantado los golpes que la vida me ha deparado y que ella sabe aguantar bien mis excesos. Es sin lugar a dudas una amante fiel. Mi mente, mi locura y mi absurda cordura son mi familia, mi vida y mi pequeño séquito. ¿Qué sería de mi sin ellas? De las únicas hembras que he sido capaz de amar sin remordimientos, y que amo sin miedo cada segundo que pasa.
Probablemente esté loco, probablemente sólo sea cosa de la edad o probablemente he nacido diferente.
Es probable que haya nacido con un prisma bajo el brazo, por el cual cada vez que miro el mundo, este, me hace verlo de una forma diferente al resto.
Soy consciente que sería mucho más sencillo ser como el resto de la gente. Como la mayoría. Ser como otro más. Pero soy incapaz, esta es la única vida que conozco. La única forma de subsistir que he conocido, y me he enamorado de ella. Aunque en ocasiones aborrezca mi existencia, mi mente y todo lo que he hecho a lo largo de mi corta vida, sé que no podría vivir de otra manera. Esta es mi manera. Para mi no hay otra forma de vivir, esta es mi vida y la vivo así. Todos los días sufro durante unos segundos un momento de felicidad extrema, en ese momento, todos los males desaparecen y todo mi cuerpo se cura. Por eso vivo, por ese momento que me aclara y me deja ver la vida. Por esos pocos segundos sigo viviendo.
Sigo teniendo sueños, esperanzas e incluso ilusiones, pero en el fondo sé que un día cada vez más cercano será hora de apagar la luz, echar el cierre e irse a dormir. Y ese día yo no estaré triste, pues por primera vez seré como el resto. Aunque sea sólo en el final de la historia, podré decir que hubo un tiempo en que conseguí ser uno más sin dejar de ser fiel a mi mismo.

martes, 14 de enero de 2014

Un patio mal ubicado.

Lorenzo se acercaba a su punto más alto. El frío nos había regalado una tregua, y el viento nos había abandonado.
Yo, mirando a través de la valla de color verde. Yo, mirando un día desde dentro de la misma valla verde.
Apoyado en el coche, con una mano en el capó y la mirada clavada en la escena de dentro.
Los años habían pasado, el agua caído y las vidas cambiado, pero eso no había cambiado nada, en absoluto.
Durante media vida le he tenido en mi mente como un mago. Un amigo. Un pilar de mi infancia. Alguien a quien recordar cuando la luz se apaga en el túnel.
Y ahí estaba él, tras la valla. Actuando como siempre. Con los mismos chistes, los mismos gestos, las mismas gafas.....
Fue una sensación extraña, fue como vivir dos vidas en un mismo instante. Era capaz de verme a mi desde fuera de la valla y un niño, me miraba, desde dentro. Ese niño, un día, fui yo. Pero ahora es otro, viviendo mi vida. Durante un par de segundos sentí ser yo ese niño, de nuevo. Sentí que había renacido. Durante un breve instante me encontraba dentro y fuera. De la valla e incluso de mí.
Su voz fue una llave a mis recuerdos. Un gran número de recuerdos me abordaron en un instante, mientras yo sólo era capaz de mirar ensimismado.
Mi cabeza no daba para más. No dejaba de abrir viejas cajas con polvo, repletas de recuerdos que creía ya olvidados. Las cuales se encontraban en lo más oscuro y recóndito de mi mente.
Miradas, viejas amistades, sentimientos.... mil experiencias por milésima de segundo.
Fue, en toda regla, una sobredosis de recuerdos. De recuerdos de otro yo. De un yo más bajito. De un yo muy diferente. Recuerdos de mi infancia.
Esa mañana me había despertado como todos los días, a la hora de siempre, y con las prisas que me caracterizan. Con el café despertino y la ducha más que necesaria. Tras una noche difícil, como casi todas.
La mañana fue avanzando, y en ningún momento me imaginé que volvería a sentir todo eso de nuevo.
Mientras seguía apoyado sobre el motor del coche, con la chapa ardiendo bajo la palma de mi mano, me imaginaba en cualquier otro sitio de la faz de la tierra, pero no quería moverme de ahí. Me había invadido un bienestar que hacía bastante que me había abandonado.
Sentía que esa escena era lo más parecido a un viaje en el tiempo. Un viaje, que al fin, había logrado.
Mis cinco sentidos bailaban con esa escena. Me vinieron sabores, olores, sonidos, imágenes y sobretodo, mil y una superficies las cuales tocaron mis manos.
Mientras mi piel se ponía de gallina un millar de veces, yo fui capaz de vivir seis años en apenas sesenta segundos.
Y sentí sobre mí, otra vez, todas las penalidades que sufrí y todas las alegrías que disfruté. Y fue en ese momento cuando vi que la huella que había caído sobre mi cabeza, fue la misma que un día me cambió y me hizo ser lo que ahora soy.
Entonces, mi presente cerró la puerta de su casa. Y me dijo que subiera al coche, que la realidad  nos llamaba y no podíamos dejarlo sonar, teníamos que cogerle la llamada. Mientras el coche avanzaba, giré la cabeza para ver una última vez esa escena, y observar como lentamente iba desapareciendo en la lejanía, poco a poco. Dando paso, al fin, a un futuro, el cual no sería como mi preciado pasado, pero sería un futuro con mi huella y mi firma. En definitiva, sería mi futuro.

Un logaritmo más.

En un campo me hallo,
perdido me siento.
En una vida, por desgracia
me encuentro.
¡Pobre de mi!
Pues no le encuentro sentido,
a esto...
No puedo desfallecer,
mediante algunos hongos
busco placer y renacer.
Pero siento, que me disipo,
que no avanzo,
y que vivo por la mera curiosidad
de ver como el mundo,
me hará caer.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Mi absurda realidad.

Hoy, ya cansado de una continua huelga de inspiración, he decidido ponerme en huelga de valores.
Pese a intentar retractarme, no se me ocurre nada para escribir. Blanco. Cero. Nada. Porque eso es lo que sale a través del bic que abrazan mis dedos. Un auténtico solar de ideas.
Para vosotros, los que leéis al otro lado, esto no os ataña ningún problema. Pero a mi, sí.
Me hace perder el sueño, el hambre, y en definitiva, la vida.
Y ahora, sin valores, ni inspiración, me he convertido en un sucio hombre gris que no piensa y sólo asiente. Esperando que algún día la muerte le venga a buscar.
Vale, ahora estamos en un problema. Me he llegado a concienciar realmente, que es hora de jubilar a mis valores. Esos valores absurdos que me hacen imposible mentir en ocasiones y en otras me impiden ser sincero.
Mis valores no son buenos, ni malos, y ni mucho menos los mejores. Mis valores son, en definitiva, míos.
Se supone que estos valores los he ido recogiendo a lo largo de mi no aburrida vida. Y ahora he decidido tirarlos. ¿Por qué? Eso me pregunto. Supongo que por desesperación ante no poder escribir, ante no tener inspiración. Ante el abandono de mis queridas musas.
Pero aún así, sigo dándole vueltas a la idea de jubilarlos. Estos, han hecho que yo sea yo. Que yo sea capaz de hacer locuras, y ser simplemente honesto de nacimiento.
La cabeza me pide usar el corazón. y este me pide usar la razón.
Creo que esta elección tendrá repercusiones, así que decido.
Y ahora he decidido escribir aquí todo lo que se me pueda ocurrir. Todas las cosas que pueda escupir mi mente.
He de admitir que soy usuario de una gran imaginación, pero tampoco os esperéis unicornios de colores flotando por un doble arco iris.
Porque además, el precio de las palabras cae en picado y cada día aguanto menos a la gente. Me cansé de ser lo que soy. Y me cansé de todo y de todos. Me aburrí de tener que esperar cosas de la gente. Me harté de no poder ser yo mismo sin ser criticado.
Me quedo sin sinónimos pero mi cabreo permanece.
Hoy dejo de beber, dije un día, hoy dejo los vicios, dije al siguiente y hoy dejo las mujeres, dije el último. Tras una semana me vi cara con cara con el Diablo que me comentó que había oído que era otro, que había dejado de ser yo, que a este paso podría acabar al fin a la vera del 'Todopoderso'. Desde ese día, intenté que jamás volviera a suceder eso.
Mi mente da vuelcos, va de un extremo a otro como placer, encontrándome yo en el medio. Es divertido a la par que peligroso. En un mismo segundo os puedo invitar a jugar, como os puedo decir que os marchéis. Que soy peligroso.
Pero en definitiva, soy diferente. Soy anormal, soy diferente a lo normal. Pero ahora os pregunto, ¿quién marca esta absurda normalidad? Porque yo no sé como la podéis soportar, aunque todo el mundo es  libre de vivir como quiera.
Así que yo decido quedarme con mis valores, con mis absurdos, con mis cambios de humor y sobretodo quiero quedarme contigo, para sentarme junto a tu lado a esperar la vuelta de mis musas.



La verdadera herencia.

Y no se me ocurre nada que escribir. Nada de lo que pongo tiene un mínimo de coherencia. Me levanto y me siento, voy al baño y vuelvo. Tengo la cara chorreando de tanta agua que me he echado para despejarme, pero nada. No se me ocurre nada, absolutamente nada. Mi mente está demasiada ocupada en ti.
Pensando en que hacer con esto. Como decirte que no hay vuelta atrás, que yo no puedo parar. Que en este juego no pienso perder. Que pienso hacer trampas, que pienso matar a cualquiera que se meta por medio, que pienso sobornar al destino y trucar mi suerte con el fin de conseguirte.
Para empezar a evadirme, pensé en hacer un círculo en mi mente. Un círculo en el que metería todo. Absolutamente todo lo que me rodea, y te sacaría únicamente a ti de este. Después prendería fuego al círculo, dándome igual todo, porque lo único importante para mí, ahora se encuentra fuera del círculo.
Pero esto no ha sido buena idea, porque más que evadirme lo que he conseguido es obsesionarme contigo. Con todo lo que tú eres y representas. Podría hablar de tus manos, tus piernas, tus ojos o tus labios, pero no serviría de nada. La distancia me hace que no pueda sentir tus manos, tocar tus piernas, ver tus ojos y besar tu boca.
Cada instante que pasa me vuelvo más loco, más ermitaño y mucho más real. He dejado de ser 'algo' que existe por existir. Yo puedo decir sin miedo que no temo a nada, que no temo a desaparecer y mucho menos a conocer.
Nadie de ahí arriba puede hacerme desaparecer. Ningún hombre con una calva en la coronilla y una atracción irrefrenable hacia los menores puede hacerme cambiar de parecer.
Vosotros, me llamáis incauto. Me decís que pasaré el resto de mi existencia en los fuegos del infierno, pero a mi me da igual. Puesto que siempre he querido conocer al Che y además, el frío no me gusta.
Fuera sé que llueve, pero aquí dentro no pasa el tiempo. Aquí dentro, mis ideas son eternas. Mi imaginación no conoce límites, y aquí dentro tú estás a mi lado.
Porque, al caer la noche todos los gatos son pardos, y si no crees eso. Crees que hay más, que sólo es un efecto óptico, eres de los míos. De los nuestros, de los que no creen en absurdos. Eres de aquellos que no heredarán la Tierra, pero que conquistarán el Infierno.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Estela.

Sonaba una dulce de melodía de piano mientras él reía con miedo. Estaba rodeado de personas que ensalzaban sus grandes hazañas en otro idioma, un idioma extraño al suyo. Este, sabía que no era su sitio, pero que tampoco tenía sitio ya. Intentaba recordar aquel día que fue joven, pero se le presentaba una tarea harto complicada.
Mientras, giraba la cabeza  lentamente para poder evitar ser preguntado, para poder seguir recordando su breve juventud. Pero de pronto le vino a la mente una larga melena morena. Una piel pálida y unos ojos oscuros. De golpe y porrazo, la recordó.
Intentaba una y otra vez, recordar el primer día que la vio. Luego, el primer beso, el primero 'Te quiero', la primera bronca, la primera noche juntos, el primer todo... Pero este, sólo era capaz de recordar el final. 
El final en el que ella rompió a llorar en sus brazos. Mientras que él, indiferente, la dijo adiós.
Pero no sabía que dejaba escapar al amor de su vida, la única que no dormiría pensando en él, la única que no viviría por no estar con él, y la única que buscaría mil piezas para intentar completarse, pero sin fortuna. Lo que tampoco se dio cuenta es de que en ese momento, en ese mísero segundo, nuestro amigo firmó una sentencia de muerte hacia sus sentimientos y hacia su felicidad.
Ahora, se encuentra sólo, pese a estar rodeado de personas. Le aborda el sentimiento de soledad pese a estar en medio de una multitud. Una espesa, honda y asfixiante multitud, que baila a su alrededor.
Porque aún recuerda perfectamente como ella se giró, dejando una larga melena como recuerdo. Para no volver jamás.  




martes, 29 de octubre de 2013

El fin del principio.



Lento, despacio
frío y blando.
Paso a paso
comienzo a vislumbrar
un futuro agridulce.
No luce magnífico.
Pero al fin,
deja de parecer negro,
como el ébano.
Cualquiera se lo agradecería
al tercero en discordia.
Pero yo le doy las gracias
a mi superación.
Bienvenidos al mundo realista,
el de siempre.
Pero dejando al fin,
cuajar la esperanza.

domingo, 27 de octubre de 2013

(H)eterno y etéreo.

Y otra vez  vuelves a aparecer. Da igual cuantos cambios haya hecho, cuantos prepósitos me hubiera propuesto que siempre vuelves a salir.
Ahora pienso que todo lo que dejo escapar de la manos, es una mierda. Pero auténtica.
Ya no busco retórica, ni moraleja. Ya sólo me dedico a plasmar cada una de las estúpidas ideas que me rondan de vez en cuando por mi cabeza.
Parece que a nadie le interesa mi vida, pero luego bien que todos buscan compartir su opinión sobre mí.
Yo nunca he buscado ser famoso, ni único y mucho menos (h)eterno.
Sólo he buscado seguir andando por este gris camino semi etéreo. Usando este pequeño 'don' para retratar mi vida, como si de un diario se tratase.
Pese a no poder usar mis dedos para decir la edad que tengo, uso esto como una vía de escape.
Ahora parezco ser la típica niña de diez o doce años, que usa un diario con la tapa de color rosa y que lo utiliza para hablar sobre las mil miradas que se echa con su primer amor.
Me siento como si tuviera un par de coletas, una falda a cuadros y una diadema de color celeste en la cabeza. ¡¡Weeee!! He vuelto a renacer. Soy una pequeña niña que está a las puertas de la pubertad y que todo le sabe a nuevo.
Bueno, queda claro, soy gilipollas. ¿Cómo puedo seguir pareciendo normal diciendo estas cosas?
No os preocupéis en buscarle una explicación, pues ni yo lo sé. Pero como evito a las personas, las relaciones y las hipocresías varias, sigo existiendo. Y por tanto, coexistiendo con auténticas amebas de la sociedad y la vida. Que en ocasiones no sé que es peor, pero bueno.
Y entre tanto hablemos de mi vida. Mi dulce y querida existencia, mi vida, la cual es un tanto peculiar, agitada y caótica. Pero yo pienso que es mejor conducir por curvas para poder darle de alguna manera un poco de emoción al camino. Que andar recto y sin ningún sobresalto, que claramente no es algo que quiera para mí.
Se podría decir que mi viaje ha sido, y es, algo emocionante. No invito a nadie a vivir mi vida, pero sí a dar verdaderamente 'vida' a su vida.
Soy consciente de que podría haber usado otra palabra en vez de repetir tantas veces la palabra 'vida'. Pero hay gente que vive vidas realmente muertas. Con el electroencefalograma totalmente plano.
Mientras que hay otras personas que saben vivir una vida.
La vida, como acabo de decir, es un camino. Nadie sabe cuando se deja de construir, pero sí sabemos cuando y donde hemos comenzado, y por tanto todo lo que hemos recorrido. Y ahora es cuando me pregunto. ¿realmente hemos vivido libres y 'vivos' todo el camino que llevamos andado? ¿O simplemente hemos avanzado por avanzar?

lunes, 30 de septiembre de 2013

Delirios.

Y esta es otra absurda historia sin un fin claro y sin nada más que un simple protagonista que tarde o temprano se acabará arrepintiendo de haber cogido la primera bocanada de aire al nacer.
No parece que esta historia tenga buen final, tampoco parece que tenga buen principio, y claramente lo vas a pasar mal leyendo esto. Te sería más fácil apartar la mirada de aquí y seguir con tu vida. Pero el problema está en que si ya has empezado, probablemente no puedas terminar. Estás leyendo un blog de un pobre ingenuo que un día pensó que el mundo era una rueda, que giraba alrededor de él, y que ahora piensa que claramente el mundo es una rueda, pero que esta gira sobre él.
Es una teoría un poco descabellada. Pensar que el mundo es como una rueda, pero es una teoría que tiene explicación, y es la siguiente: " El mundo al igual que la rueda gira. Y esta gira sin parar, pasando por encima todo lo que se le ponga delante, sin mirar atrás para ver que fue eso. Y claramente la ruda sólo piensa en avanzar, no piensa en nada ni en nadie más."
Tras leer esto ya no es tan locura pensar que el mundo es una rueda, el mundo no mira atrás, no piensa en nadie y por supuesto no para.
Ahora volvemos a la idea principal, yo. Yo debajo del mundo, o de la rueda. No es ser egocéntrico, pero ya que escribo yo, hablo de mi. También podría hablar de cualquier otra persona, pero no sería tan divertido.
Podría imaginar piratas, duques o focas, pero probablemente no me podría reír de ellos como me río de mí.
Me río de cada una de las cosas en que me he equivocado. Cada fallo, error, o equivocación, ahora me hacen reír. Por eso ahora me veréis riendo a solas, sonriendo como un tonto.
Únicamente me tomo enserio aquello que debería tomarse a broma, por tanto me tomo a broma todo aquello que vosotros os tomáis enserio.
Sé que es una filosofía de mierda, pero es la mía. No pretendo pasar a la historia por mi gran filosofía, pues sólo la uso para pasar el rato en este planeta de color moco.
Aunque como es de costumbre, me he vuelto a perder. Ahora debo subir y leer por donde iba, pero no lo haré. Una dulce mezcla de pereza y rebeldía absurda me prohíben hacerlo. Así que improvisaré, al igual que hago cada mañana al abrir los ojos.
Conociéndome estaría hablando de lo bonito que es el mundo, de lo que merece la pena respirar, vivir y todas esas gilipolleces.
Podré decir que doy gracias a quien tenga que darlas por haber nacido con la capacidad de entretener al aburrido, o con la capacidad de escribir. Llamarlo como queráis.
Yo pienso que es mi mayor virtud. Es una virtud, en apariencia, que se encuentra en desuso. Pero esto es mi vida.
Sin la escritura no sé que hubiera sido de mi. Porque he de decir que me declaro raro, poco convencional, y de esos que suele darse la vuelta e ir en sentido contrario.
Claramente molo mazo, lo más seguro es que sea el mejor invento del hombre después del porno en 3D, pero no me lo tengo creído. Pero nada.
La música también es una pieza fundamental en mi vida, al igual que en la vida del 99,99% de la gente de este planeta. Somos auténticos drogadictos del sonido.
De la guitarra, por ejemplo, yo soy un enamorado. Con sólo unos pocos dedos, algunos, son capaces de hacer auténticos milagros musicales.
Yo en cambio soy un negado. Mi mayor milagro fue aprender a respirar a tiempo. Antes de que me sintiera falto de este.
También he de decir que desde que nací, en múltiples ocasiones me ha faltado el aire, pero ese es otro tema.
Ahora me vuelve a la cabeza la idea sobre la que estaba escribiendo.
Pero tranquilos que lo más seguro es que mientras me levanto a abrir la puerta a mi perro, el cual está arañando, se me olvide.
Recuerdo que os hablaba de mi filosofía, y de otras cosas. Pero también os debería hablar de mi pésima memoria a corto plazo, pero eso mejor otro día con más tiempo.
Y ya dije mi palabra favorita, tiempo. Ese culpable de cada una de las cosas que has hecho, que no has hecho, que harás, que no harás, y por tanto, que haces y no haces.
Una dulce sombra con vestido largo, yo por lo menos me lo imagino así.
El tiempo, para mi, es la mejor palabra de nuestro diccionario, junto a paranoia.
No os preguntéis porqué he escogido paranoia, porque no tiene sentido. Simplemente me gusta decirla, leerla y escribirla.
Pero antes de que me pueda volver a perder os diré algo sobre el tiempo. El tiempo es aquel que me hizo conocerte. El tiempo fue el que me hizo enamorarme de ti. Y el tiempo es el que ahora me hace acordarme de todas aquellas cosas que podíamos haber hecho y no hemos hecho. Gracias al tiempo te echo de menos.
Supongo que el tiempo es la clave de la vida. Pero sólo espero que el tiempo tenga un buen plan para mi. Y que al fin pueda decir esas palabras que tanto tiempo hace que no digo. Y que creo que ya olvidé como se pronunciaban.
Lo siento pero os quedáis con las ganas de saber esas palabras.  Y por último doy gracias al tiempo, otra vez, que ha hecho que me vuelva a perder. Pero ya se me ha hecho tarde, así que me despido de vosotros. Buenas noches, días o tardes .

jueves, 12 de septiembre de 2013

Ese inglés desconocido.

Cuando el calor nos ha abandonado ya, cuando el viento nos saluda cada vez con más bravura, sólo nos queda esperar que el marrón se haga el dueño de las calles.
Alfombras de hojas secas es lo que nos depara este futuro inmediato. Frío, lluvia, tal vez nieve, es lo que pintará nuestras calles, las cuales hace apenas unos días, se encontraban inundadas por el calor.
Siempre dije, que veranos pasados fueron más cálidos. Pero ahora, despidiendo al calor, me doy cuenta de que hubo días de insolación. Días en los que con sólo unos pocos, pude crear dolor en mi estómago debido a las  carcajadas que me obligaban a soltar, por culpa de sus absurdas bromas.
Volví con miedo, descolocado. Pensando que todo había cambiado en mi ausencia. La chica de mis ojos ya no sabía igual, mis amigos ya no hablaban ni actuaban igual, incluso el pueblo lucía diferente.
Pasaron lo días, y en un profundo silencio, fui intentando averiguar el problema del cambio.
Tras muchas meditaciones me di cuenta de que el 'problema' que creó el cambio, era yo.
Que todo estaba exactamente igual, que lo que había cambiado, simplemente, era este humilde narrador.
Ahora, rompiendo el embalaje de la ropa de invierno, pienso en todo aquello que ha sucedido en estos últimos cuatro meses de verano. En los miles de kilómetros que he recorrido en búsqueda de algo que me diera fuerzas para avanzar, cuando esa cosa que necesitaba se encontraba dentro de mí.
He cambiado, lo admito. Y mucho, lo admito de nuevo. Tal vez a mejor o a peor. Pero ya no soy el mismo. Probablemente más frío, más meticuloso e incluso más maduro. Pero en definitiva, dejé de ser aquel que un día fui.

Leve mirada hacia el pasado.

Grito con todas mis fuerzas al destino para que este de una vez deje de jugar conmigo. Para que al fin me empiece a tomar enserio. Pero no tengo voz. Esta, al igual que tú, me ha abandonado. Simplemente estoy mudo ante este destino repleto de incertidumbre.
Tengo la esperanza de no ser el único que se sienta a mirar las estrellas para así poder encontrar un poco de sentido a esta triste y oscura vida. Espero no ser el único que aguarda un imposible durante meses. Espero no ser el único que aunque lo niego día tras día, siga creyendo en el amor. Pero espero ser el único que pueda volver a poseer eso que tienes en el lado izquierdo de tu pecho. Aquello que tanto ansié, aquello que un día conseguí y que tan bruscamente, de nuevo lo perdí.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Heroína.

Frío, esquivo y sobretodo romántico, así se presentaba nuestro héroe falto de espada y escudo, pero sobrado de valor.
Delante de la enorme mesa, rodeado de las únicas personas que arrancarían la piel de aquellos que intentaran entrometerse en el camino de nuestro peculiar protagonista, dejaba escapar el humo de su boca mientras miraba por una pequeña ventana entreabierta. Miraba con desgana, pues sabía que la libertad que existía en ese mundo, jamás sería para él.
La comida dejó de tener sabor, pasó a ser de color gris. Toda igual, nada sabía a nuevo. Vivía en un mundo de monotonía. Pese a mirar a su alrededor y ver a los suyos, con los que tantas veces ha superado escoyos como si fueran hermanos, veía que necesitaba un aditivo en su vida. Un colorante. Un excitante. Un poco de gas para una vida demasiado tranquila.
Se levantaba, andaba y seguía consumiendo la vida como si se tratara del hongo que tiene entre los dedos. Pero nada cambiaba, todo en la misma posición, todo cuadriculado. Para muchos una vida más, para este joven, un infierno como ninguno.
Se apoyó en el marco de la ventana y dejó a los pájaros volar, imaginó encontrar a alguien e invitarle a vivir una aventura. Una aventura sin fin.
Pensaba en buscar a alguien, alguien que hasta ahora no se haya dejado caer por el mundo de oscuridad donde él gobernaba. Alguna persona capaz de gastar horas, días, semanas, meses e incluso años en él. Alguien que se atreviera a hacer algo que nadie antes se había atrevido a hacer. Él buscaba una heroína la cual le salvase.
Sabía que no iba a ser tarea sencilla, pero también sabía que el que no arriesga no gana. Temía que ser tan frío y difícil afectara a la continuación de dicha aventura. Pero en el fondo estaba tranquilo, pues sabía que la que escogiera le entendería y sería perfecta. Por eso no le valía cualquiera, no servía la primera, ni la segunda, sólo la adecuada.
Siguió dando vueltas por la casa mientras recitaba alguna canción sin sentido que alegrara ese momento.
Para sus amigos, él no estaba haciendo otra cosa que dar vueltas a oscuras mientras dejaba caer sobre la alfombra del pasillo una simples palabras.
La noche al final apareció, y nuestro joven Goethe salió a la calle para mirar a la única mujer que le ha cuidado durante todas las noches desde que nació, y decirle que ya no iba a volver a ser necesario, que al final le salvarían. Anduvo durante un rato hasta llegar a un lugar tranquilo donde poder hablar con la Luna y comentarle que estaba deseoso de amor.
Pensó la jugada, la comentó con su gran compañera blanca, la cual iluminaba la noche, y le dijo al astro que daba igual el tiempo que pasase hasta que encontrase a esa persona, pues valdría la pena.
Le dijo que no buscaba un cuerpo bonito, si no una gran mente a la cual preguntarle cada noche si era feliz con él. Buscaba una persona con la cual poder huir a la ciudad, con la cual pasar las noches cara con cara, una persona a la que no le importara su pasado, una persona que pudiera iluminar en medio de la total oscuridad.
La noche pasó y este enrolló un papel, se ayudó de un buen trago de ron, para así poder seguir siendo joven una noche más junto con el gran flexo que cuelga en medio de la noche para iluminarla.
Se despertó mientras el frío del amanecer atacaba el parque, con un gran dolor de cabeza despidió a la Luna a lo lejos. La dijo en bajo que ojalá esta fuera la ultima noche que pasaban juntos, pero otra mañana  más había olvidado la promesa  de encontrar a alguien con la cual poder jugar a ser real.

Cortos lamentos.



Cuando vayas por los campos,
y te den los aires fríos,
no le eches la culpa al viento,
son los suspiros míos.





Te necesito para respirar,
necesito tus ojos para ver
necesito tus labios para sentir,
necesito tu alma para vivir
necesito tu existencia para sonreír
te necesito para saber amar.








La respuesta esta en el silencio
en contemplarte y mirarte
en saber que existes
en poder pensarte
en anochecer soñándote
un sentimiento es amor
pero sin color
sólo el color que tiene el sentirte.






Ha vuelto a madurar la fruta sobre la mesa,
las flores de las macetas ya se secaron,
enterradas las cosas bajo el polvo
¿qué se puede hacer?
Los anocheceres dan fe de la espera,
la multitud de estrellas -testigo perpetuo-
sin duda alguna lo sabrá decir,
pero a quién sino al corazón
que a veces siento caduco,
imposible para vivir: endurecido.













jueves, 8 de agosto de 2013

Fragmentos.

 Ciego por ti me quedé,
loco por ti acabé,
destrozado me encuentro.
Sólo el afán de olvidarme de tu carmín,
me de alas para seguir.



 Ahora soy un desconocido,
pero pronto seré parte de tu olvido.
Sueño con ser aquel que algún día puedas abrazar
para así poder enseñarte a soñar.



 Fui despacio, tal vez lento
andaba con miedo,
lentamente aligeré el paso
pero ya era tarde,
tú estabas besando a otro.





viernes, 19 de julio de 2013

El aliado del tiempo.



No le comprendí, no le comprenderé y claramente, ahora, no le comprendo. Un día fue un niño que disfrutaba da cada uno de los pasos que daba. Lentamente creció, y de como si una gran aventura se tratara, fue superando todos los escollos.
Cada día era una nueva experiencia . Era capaz de sonreír, era capaz de llorar e incluso de ser feliz sin apenas esfuerzo.
Probablemente no fue usuario de la mejor infancia de todas, pero tampoco de la peor. Amor, atención, amistad, así creció.
El tiempo tampoco le trató del todo bien, pero él jugó con este, y le pidió que avanzase más rápido, quería ver que se encontraría  al final del  camino, y no quería perder más tiempo.
Eran malos años para él. Todo dejó de ser diversión, y pasó a ser oscuridad. Él, creó un mundo y se encerró, para no salir jamás. Este, era un lugar extraño, un lugar donde la lluvia iba hacia arriba y los golpes dejaban de doler.
Bienvenido a la adolescencia, le dijo una encantadora señora que estaba de paso en aquel momento por su mente.
Juró junto a sus nobles caballeros que este escollo también lo superaría, que renacería cual fénix otra vez. Colocó la espalda en posición y soportó en ella a todos los suyos.
Este sería el gran resurgimiento, la creación, su propio "Bautismo de Fuego". Poco a poco ese pato cojo, dejó de ser así, y se convirtió en persona. No buscaba ser un cisne, buscaba ser otro más al que poder mirar y admirar.
Esta persona se volvió a aceptar y abandonó el peculiar mundo de su mente, donde el agua subía desde el suelo para mojar las nubes.
Mentiría si dijera que le fue sencillo hacer lo que hizo, pero ahora era otro actor en una gran obra, llamada "Vida".
Aliado, otra vez, del tiempo. Juntos consiguieron conjurar un nuevo ser, un nuevo héroe de leyenda, un nuevo prototipo de hombre libre, un "Übermensch"
No creía en nadie más que él. Capaz de volar si se lo hubiera propuesto, pero esa no era su meta. 
Este, siguió creciendo. Cada día más alto, cada día más reluciente, cada día más humano. Es fácil jugar cuando tienes al tiempo de tu parte. 
Pero los malos años volvieron a llegar. Ese niño, que un día le dijeron que el límite era diez metros más de hasta donde le alcanzara la vista, ahora, difícilmente podía mirar más lejos de donde le alcanzaba su sombra. 
No se explica como había ocurrido, pero había pasado. Lo aceptó con un giro de cabeza, la cual volvió a agachar lentamente. 
Este escollo era demasiado grande para superarlo. Sin el tiempo de su lado, era imposible. Hace mucho tiempo que olvidó ser un fénix.
Hincó la rodilla en el suelo, manteniendo la cabeza agachada y olvidando a aquel, que un día le dijo que llegaría lejos. 
Él sabe que está loco, que aquellos pájaros que un día encerró en una esquina de su cabeza. Han vuelto. 
Ya dejaron de ser pájaros, ahora son dragones. Gigantescas bestias que han conseguido acabar con él.
La música, la escritura y algunas cosas más le mueven día a día, poco a poco. 
Ese extraño ser que ve frente al espejo, un día pensaba ser grande. Pensaba que llegaría lejos, pero ahora sólo piensa en tener valor. Valor para abandonar a los dragones. Valor para acabar, no para llegar lejos, si no para acabar. Un final es lo que busca, cerrar la puerta que hace ya bastantes años abrió. 

domingo, 14 de julio de 2013

Duro como un sueño.



Las personas nos movemos por acciones. Estas acciones tienen una repercusión sobre nosotros, y claramente, sobre el mundo. Un "Hola", un "Adiós", acciones insignificantes a simple vista, pero que todas juntas, crean un todo. Ese "todo" tiene tiene el poder de mover el mundo. Pues dentro de este, encontramos todos esos trocitos en apariencia "insignificantes". Ahora que sabemos que un "nada", hace un "todo", y que este, sin el otro, se convierte en un verdero nada, hemos de tener en cuenta el peso de esa sonrisa que jamás me atrví a soltarte el día que ambos sabiamos que debiamos conocernos. Esa sonrisa, esa inocente sonrisa, que te invitaba a conocer mi mundo de mosntruos y dragones. Un mundo donde las montañas gritan a la Luna por volver como si nada, cuando el día anterior se fue sin avisar.
Un mundo donde sólo unos pocos escuchamos a estas montañas y sufrimos con ellas. El amor platónico que sienten hacia la Luna, las estrellas y la oscuridad que las envuelve es algo aterrador para nosotros.
Somos pocos los que sacamos la cabeza a traves de el espeso humo que invade mi peculiar mundo, y conseguimos ver los lamentos de las montañas.
Ellas nos confiesan que un día no fueron tan grandes y que podían llorar sin miedo, pues no tenian tantas vidas sobre sus hombros a las cuales proteger y cuidar. Somos pocos los que sufrimos por ver como aquellas grandes rocas sufren en silencio cada noche porque la Luna ya no está con ellos.
Si tú no puedes comprender el amor que siente una montaña hacia la Luna, jamás comprenderás el amor que siente el hombre hacia una planta, una botella o una jeringa.
Estas frías como Luna, acompañan noche y día a algunos, los cuales se dejan caer mucho por mi mundo. Ellos escuchan a las montañas y les dicen que saben lo que es amar y que nadie les comprenda. Es un amor que te consume poco a poco, es un amor que te cuesta la vida. Es un amor que más vale vivir si quieres sufrir.
Una acción insignificante te hizo caer en mi mundo, una simple dirección te hizo escuchar a esa montaña que llora al fondo del valle. Si estás aquí, conmigo ,es que elegiste el camino del amor imposible.
Un vez , la montaña me contó que fue hombre al igual que yo, que el dejó de vivir en el mundo de la cuadrícula y se mudó de por vida aquí. Que conoció a la Luna y esta le prometió la vida eterna a su lado si juraba jamás volver al mundo de la cuadrícula, y cuando se quiso dar cuenta era montaña, y no podía volver. Ahora se lamenta, ahora nos aconseja, y nos dice que la belleza de la Luna no tiene no fin, pero que es mala, es peligrosa, y sobretodo es única.
Son muchos, me cuenta la montaña, los que dejaron este mundo, para jamas no volver. La Luna jamás volvió a hablar de ellos, y los trató de infieles hacia ella. Esta montaña no es la más grande, ni la más lista, es otra más con algo que contar.
Nos invita a irnos, que aún estamos a tiempo. Pero sabe que si estamos aquí es porque las pequeñas cosas que nos hacen ser un todo, nos trajeron a este mundo de sombras y dragones.
Nos invita una y otra vez a dejar todo atrás, de volver a la cuadrícula e intentar cambiar, pero sabe que ya es tarde, que anochece, que la Luna aparece otra vez, y que nosotros al igual que él, somos gigantescas rocas gritándole a la Luna para que nos ame una vez más.

jueves, 13 de junio de 2013

Le llamaban por su nombre.


Dos ojos claro,
un cabello oscuro,
y una vida sin futuro.
Un día tu mirada fue amplia,
ahora es intensa,
pero mañana simplemente
será pasado.
Débil soy,
débil seré
y el olvido aguarda mi llegada.
¿Qué pretendo ser?
Lo que necesito,
jamás lo alcanzaré
en este mundo.
Tal vez valor,
tal vez ignorancia,
pues alguna de estas necesito
para poder seguir.
No soy feliz,
vivo sólo,
juego contra mi.
Acabó el descanso,
y pienso que ya está bien.
Despertemos,
es la hora de volver a ningún lado.

jueves, 23 de mayo de 2013

El amor a veinte metros.

-Os señalo con la mano, os invito a subir, ahora estáis frente a todos sobre este escenario de marfil y oro.
Haced una lista de gilipolleces y gilipollas, poned mi cara como la primera de todas. Bien grande y sonriente, para que no se olvide. Acto seguido relatad las mil acciones que juré jamás hacer y que he hecho. También colocar por algún lado las mil oportunidades que prometí jamás otorgar y que he otorgado. Después pintad una pelota. Me viene dando lo mismo si es de playa, de fútbol o de baloncesto, pues la idea es la misma. La idea es que con una pelota se juega, y conmigo por lo visto también. Así que al lado de la pelota poned mi nombre, en negrita a poder ser. 
No pretendo emocionarme ni exaltarme al obligaros a escribir esto en este folio abandonado por el tiempo. Lo único que quiero es recordar todas aquellas acciones que me han hecho llegar a esta situación, para que no las vuelva a hacer. Y por tanto, esto no me vuelva a suceder. 
Tú, eres bella como la que más y especial como ninguna. La inteligencia puede que sea un don de pocos, y tú, viéndolo desde diferentes ángulos, o no eres de esos pocos, o eres "esos pocos"  
Te lo puse fácil, me rendí ante ti. Tal vez fuera tu cercanía lo que me hizo decantarme por ti. Creí que serías la gran flor de mi campo. Tenía puestas en ti altas expectativas. 
Un día de lluvia, otro de sol y por último uno de frío. Así pasaron los meses, uno tras otro, como si se tratasen de días. Dejamos de ser desconocidos, pasamos a ser "amigos" y ahora simplemente somos nada. No me das oportunidad de avanzar. No me dejas preguntarte si quieres intentar andar este camino de la mano. Tu miedo, mi lentitud, o tal vez nuestro orgullo me han hecho fallar. 
Ahora mismo es difícil pensar en un futuro, cuando te planteas poner fin a este presente. Mil y una oportunidades tuvimos de pasar juntas las horas, pero todas y cada una de ellas fueron lapidadas por tus obligaciones y escusas que se clavaban como flechas en mis ganas de verte otra vez. Antes era frío e inseguro, ahora soy un hombre que está cabreado y tiene frío.
Hoy, al igual que mañana, puede que me importes más de lo que tú te crees. O que tal vez no me importes una mierda, pero lo que sé es que si me hubieras otorgado tiempo, ahora no serías nada, serías la mitad de una palabra que es difícil de usar.  Ahora me marcho, pero esta vez físicamente me voy. 
Dudo que tus actos conmigo hayan conseguido que tenga confianza en ti.
Tus palabras no creo que lleguen a llenar este vacío. Pero hoy he de decir que tienes mala suerte, pues se te acabaron las oportunidades también. Jamás me demostraste nada.
Tal vez me quedase embobado por una simple sombra que no existía, y que era un simple espejismo que tapaba tu verdadero ser. Los atributos de este, no me gustan. Su egoísmo es algo que me hace pensar en si hago bien al intentar entrar en este jardín sombrío. 
Tus historias son algo que se me escapa entre los dedos como si fuera agua. Ayer nos veíamos, hoy casi no nos vemos, pero mañana, no nos veremos. 
La lista empieza a concluir, concluye con una mesa puesta y con la comida poniéndose fría, con un hombre esperando un sábado tras otro que su teléfono suene y con el mismo hombre esperando un cambio que le haga borrar todo aquello que ha escrito y lo cambie por un "¿Quieres gastar el resto de las horas que te quedan junto a mi?" 
Pero como he dicho, la lista concluye ya. No es muy larga, pues tampoco he dejado que fuera más grande de lo estrictamente necesario. Al igual que la lista, mi presencia aquí llega a su fin. Por fin abandono esto. La distancia me hará pensar, pero no hay que olvidar una cosa,  la distancia hace el olvido.

lunes, 13 de mayo de 2013

Los días de ayer...

Llegó el final, sus ganas de seguir luchando cesaron al fin. La sangre que le corría por la frente demostraba, que fue incapaz de tirar el muro a cabezazos. Que sus intentos fueron inútiles  que ya no le queda nada ni nadie. Simplemente está él, rodeado de cuatro paredes duras como el acero y frías como el hielo.
No llora pues se quedó seco, no grita pues se quedó sin voz, y no piensa pues se quedó sin fuerzas.
Los días y las noches pasaban sin diferenciarse uno del otro. No existía la necesidad de comer ni de beber, pues simplemente no tenía la necesidad ni de existir. No comprendía quien le había maldecido, quien era el verdadero culpable de todos sus males.
Días, semanas, meses y años pasaron, el niño que un día fue, se había esfumado. Las paredes seguían ahí. Y el pequeño agujero que tenía por el cual entraba luz y oxigeno, y por el que miraba al exterior, le estaba mostrando que todo había cambiado. Aquel árbol que un día le vio crecer, murió. Ese joven que tanto admiraba, se casó y espera su segundo hijo. Ese gran patio que le vio correr, fue destrozado por el tiempo, al igual que la autoestima de nuestro protagonista.
Todo había cambiado, para bien o para mal, pero había cambiado. Aquellos que un día lloraban, hoy ríen. Aquellos que hoy lloran, mañana reirán. Pero él, encerrado en esa cárcel de su mente, no entiende nada.
No alcanzaba a entender ese cambio que estaba ocurriendo fuera de él, ¿cómo todo ha dejado de ser como era? -se preguntaba una y otra vez con las pocas fuerzas que le quedaban.
Todas estas ideas le frustraban poco a poco, ¿por qué el cambio? -se preguntaba de nuevo. El miedo a lo desconocido, se transformó en dolor, y este en frustración. No esperaba nada de nadie, pero esperaba que alguien le sorprendiera al fin.
En verdad aquella dura y fría cárcel era invención de su propia mente, un lastre que le impedía avanzar, una pesada losa con la que cargar. El viaje es largo, y este peso demasiado grande. No avanzó por el hecho de no querer avanzar, sino por el peso del pasado el cual nuestro joven cargaba sobre su espalda. La idea de lo nuevo no era bienvenida, pero la idea de lo antiguo, de lo corto y efímero, era algo que le llenaba, le hacía recordar, pero le lastraba.
Él, se dio cuenta de que el peso que llevaba sobre su espalda era absurdo e innecesario, pero había miedo al cambio.
Siguió sentado mirando desde un lado del camino todos lo cambios que sucedían, lo comparaba con tiempos pasados, tiempos mejores....
Su angustia iba en aumento, pues cada segundo que pasaba era un segundo perdido, un segundo que jamás se recuperará, un segundo al cual añorar.
La madurez fue su aliada, pero luego la quiso abandonar. Nuestro joven encarcelado no quería crecer, no quería pensar en nada que no fuera del ayer, no quería salir de su cárcel. Poco a poco se fue dando cuenta de que la cárcel donde estaba apresado, no era una prisión, si no un fuerte. Un escudo frente al resto de personas, un escudo frente al cambio y frente al mañana.
Asumió que debía crecer, madurar y abandonar el pasado. Que todos aquellos recuerdos que había almacenado durante años sin darse cuenta y de los cuales se sentía tan orgulloso, debía abandonarlos, debía quemarlos para dejar paso a unos recuerdos nuevos.
Su verdadero enemigo, fue el tiempo. Aquel que un día le hizo sentir furor dentro de él, y que ahora le reclama aquello que es suyo, su niñez.
Probablemente, junto a sus recuerdos, este sea su bien más preciado. Pero deberá venderlo a cambio de un futuro, a cambio de algo que el día de mañana no le haga saltar desde un puente o despedirse desde una sucia bañera. Un algo, que pese a que no le guste, ha comprado todo el mundo. Un algo que le costará su felicidad.

jueves, 9 de mayo de 2013

Bajo Tolerancia.



Su profesión se sabe es muy antigua
y ha perdurado hasta ahora sin variar
a través de los siglos y civilizaciones.
No conocen vergüenza ni reposo
se emperran en su oficio a pesar de las críticas
unas veces cantando
otras sufriendo el odio y la persecución
mas casi siempre bajo tolerancia.
Platón no les dio sitio en su República.
Creen en el amor
a pesar de sus muchas corrupciones y vicios
suelen mitificar bastante la niñez
y poseen medallones y retratos
que miran en silencio cuando se ponen tristes.
Ah curiosas personas que en ocasiones yacen
en lechos lujosísimos y enormes
pero que no desdeñan revolcarse
en los sucios jergones de la concupiscencia
solo por un capricho.
Le piden a la vida más de lo que ésta ofrece.
Difícilmente llegan a reunir dinero
la previsión no es su característica
y se van marchitando poco a poco
de un modo algo ridículo
si antes no les dan muerte por quién sabe qué cosas.
Así son pues los poetas
las viejas prostitutas de la historia.


                                                                                             José Agustín Goytisolo
                                                                                     

lunes, 6 de mayo de 2013

El mañana ha llegado.

¡Acusarnos!
Somos jóvenes y libres
somos el futuro,
somos la esperanza y el fin.
Somos corsarios que gobiernan el mar,
somos los hombres que dominarán.
Hoy montamos ruido,
pero mañana seremos el cambio.

Camina.

Siento dolor,
tumbado en esta cama de pinchos, tiemblo.
Mi sangre es de color azul
pues un día fui un príncipe.
Perdí el trono y a mi princesa.
Hoy, corro con miedo.
Busco con ansia, y
muero con lentitud.
¿Qué me depara esto?
¿Sólo hay dolor?
¿Algún día me levantaré?
Pregunto día y noche a
aquel que un día dijo que nos salvaría.
No es esperanza lo que pido,
simplemente deseo una salvación.
Un cese del daño,
una despedida ante esta tortura.
Tú, que un día nos juraste amor eterno
ayúdame, ven y curarme.
Dame alas para volar
o simplemente una bala la cual disparar.
La luz se ha fundido,
el túnel se ha teñido de negro.
Ya me cansé de esperar,
me despido.
Hasta nunca incautos.
Nos vemos al otro lado.


domingo, 5 de mayo de 2013

Bendito tiempo.

Abandono esta idea, y tú con ella. Fueron muchos los meses en los que la desesperación fue alta, y la agonía mayor.  El tiempo es un bien que jamás se recupera. Este, está para gastarse, está para derrocharse y está para invertirlo. Yo quería gastar tiempo a tu lado, derrocharlo mirándote todos los días a los ojos, e invertirlo de tu mano.
Pretendía hacer una infinidad de cosas con mi tiempo, pero te preferí a ti.
Gasté todos y cada uno de los segundos que tiene una infinitud en conseguirte. Pensé que todo aquello que perseguí había pasado a tener nombre y apellidos. No fuiste más que mi vida.
Eras la cara que veía al acostar y la que veía al levantar. Eras el amor no correspondido.
Hoy pienso detenidamente que si algo ha valido la pena. Si el tiempo que invertí en un "nada" para ambos, ahora me sirve. Que si mi vida pasó a depreciarse al subyugarse a la tuya. No era más que tu juguete, tu intento de entretenimiento, no era nada, pese que tú para mi eras todo.
Es triste leerlo, pero más es sentirlo. Sentir ser un pañuelo, pero no un pañuelo usado, sino simplemente uno desechado sin llegar a ser usado. El vaso que se resquebraja tras ser comprado sin haber sido usado.
Ahora, no duele. Hay vacío. De ese "amor" sólo quedas unas ruinas que forman sutilmente un paraje inhóspito para ti. Pues ya que jamás llegaste a saber que mi amor existía, nunca fuiste consciente que el chico que te miraba y te comprendía moría por morder esos labios carnosos.
Mil y una palabras se me ocurren para catalogarme. Para catalogar a alguien que se lamenta de algo, aunque no tuvo lo que tenía que tener para decirla a ella que era la dueña de lo que un día fue un corazón.
Pienso que a lo mejor aún no es tarde. Que si corro llegaré. Soy rápido con las piernas, tardaría un breve instante hasta llegar hasta ella. Sé donde está, creo que este es mi momento. Creo que no puedo fallar.
Y creo que pese a que corra, que la encuentre y me plante frente a ella, ya todo sea demasiado tarde. Pues porque sé con quien está. Sé que no está sola, sé que alguien se me adelantó. Y sé que el que ahora besa esos labios carnosos y despilfarra su tiempo con ella, no soy yo.

lunes, 29 de abril de 2013

Eras color.

Eras futuro y esperanza,
eras aire en mis pulmones,
y viento en mi pecho.
Eras la culpable de todo
y la responsable de aquello.
Eras más valiosa que mil labios.
Eras algo,
pero ahora, no eres nada.

martes, 23 de abril de 2013

El poder del aire.

Un ser frío y oculto. Un ser sin poder respirar, lentamente se asfixia.
Este intentaba efusivamente respirar. Abrir la boca e intentar tras largas bocanadas de aire, llenar sus pulmones.
Una, otra, y otra vez lo intentaba. Sus ojos lentamente se fueron alterando. Su mirada perdida, pasó a ser agitada y está a su vez pasó a ser una mirada con miedo a desaparecer.
Se fue moviendo de punta a punta de la pequeña habitación, agitaba violentamente sus brazos y tiraba todo aquello que se le ponía en su camino.
De nuevo abría la boca, mientras le caía una solitaria y temblorosa lagrima por la mejilla derecha.
Todo sus intentos eran en vano, pues aún seguía sin poder respirar.
Golpes en el pecho, movimientos impetuosos y gritos secos, teñían la habitación que en ese momento estaba presenciando tal desgracia.
Poco a poco fue perdiendo el conocimiento. Apoyó su mano derecha sobre la vieja mesilla y la otra la colocó en su frente empapada en sudor frío.
Este, se dio cuenta de que el fin estaba cerca, mientras que su mano resbalaba de la mesilla y le hacia caer estrepitosamente al suelo.
Agarrando, con las pocas fuerzas que tenía, una punta de la alfombra, empezó a comprender que poco tiempo le quedaba allí. Que todo acababa para él. Que seguir peleando carecía de sentido, y sólo dejó que la angustia que estaba padeciendo, acabase al fin.
Segundo a segundo, su mano fue soltando la alfombra, mientras este rezaba a Dios, al cual había abandonado hace ya años, que fuera benévolo con él.
No hubo último suspiro, no hubo final heroico, ni hubo despido, sólo hubo un final. Nada más.
Pero en este mundo algunas plegarias son escuchadas, pues las suyas dieron sus frutos.
Cuando se quiso dar cuenta, la pesadilla había acabado.
Todo era un sueño, un mal sueño. Se había acabado al fin el mal trago. Este empezó a respirar como quiso, disfrutó del aire, que en tantas ocasiones había contaminado con el humo de sus cigarros.
Había renacido, era otro. Ahora veía todo de una manera diferente. Incluso a ella.
La culpable de la angustia que le había llevado a esa pesadilla, por encontrarse frente a él.
Ella era dulce y salda. Era miedo y esperanza. Era angustia y sueño. Era de un material parecido al de los sueños. En ese momento supo que debía conseguirla. Se dio cuenta de que si no jugaba, difícilmente podría ganar.
No hubo plan alguno, simplemente optó por mover un pie y luego otro. Se abalanzó sobre ella con el fin de hacerla suya. Ese día, nuestro valiente amigo sabía que nada le podría detener.

Retrato.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.





                                                                                    Antonio Machado. 

lunes, 15 de abril de 2013

Un fantasma de mi alma.

Llegué tarde al encuentro que nos tenía preparado el destino. Tal vez fue el despertador, tal vez fue la larga ducha de agua fría, o a lo mejor fue lo que el destino me deparaba.
 Ahora puedes estar en cualquier lado, ahora puedes estar besando los labios de otro mientras yo intento que tú desde la parte del globo donde te encuentres, te vuelvas a cruzar conmigo.
Mi vida es un caos, necesita de tu ayuda para levantar de nuevo a este pobre loco.
Tu ausencia, se convirtió en mi necesidad, y esta en un problema.
Ahora no duermo, casi no como y a duras penas consigo vivir. Soy un zombie que deambula por la ciudad sin un destino fijo.
Lo mas seguro es que tú eres feliz junto a alguien que no soy yo. Y yo sólo sé que dudo de que mañana sea un día con sol en mi oscura alma.
Esa mirada, esos labios y esa sonrisa que jamás me volveré a encontrar es lo que me arranca del cálido sueño todas las noches. Estas ideas son las que me secuestran con sus frías manos todas los días y me llevan a un lugar oscuro donde me obligan a imaginarte junto a otra persona que no soy yo.
Sólo veo la necesidad de salir y encontrarte. No sé cuanto tiempo me llevará encontrarte fantasma de mi alma, pero sé que cuando lo haga jamás te dejaré marchar.
Ahora vive, disfruta, ríe, bebe y besa, que cuando menos te lo esperes llegaré con la única intención de hacerte mía.

Si pudiera ser...

-Si pudiera pedir un deseo,
pediría ser cielo,
para así poder tenerte bajo mi regazo.
Si tuviera que volver a pedir,
pediría ser suelo,
para así poder mantenerte.
Y si por último me permitieran un tercer deseo,
desearía ser tiempo,
para así poder pasarlo junto a ti.

miércoles, 3 de abril de 2013

Buen viaje bella dama.

Cada día que pasa me vuelvo más loco, más irascible y mas ermitaño. Cada momento que dejo escapar sin estar a tu lado, es un momento perdido. Cada vez que escribo esta basura para hacerte entender que sin ti nada tiene sentido, me siento más y más inútil.
Mis musas me abandonaron hace ya tiempo, nada me queda ya. La esperanza, cada día que pasa, es más pobre. Nada me da fuerzas para poner otro pie en el frío hielo.
Perderte no es una posibilidad, pues para eso alguna vez has tenido que ser mía.
La idea de jamás poseerte me reconcome por dentro lentamente, como un loco que augura la perdida de su poca conciencia.
La lluvia deja de tener un mínimo de retorica cuando llevo tanto tiempo frente a tu ventana esperando a ver de nuevo tu cara. Mientras, la noche cae sobre mi oscuro pelo, y este ya no puede estar más mojado por los sueños ahogados, en los que ambos jugábamos a contar estrellas de la mano.
Mi piel no siente el agua de la fría lluvia, la cual me está mojando desde que empecé esta espera, para algún día volverte a ver. Esta espera se convirtió en un modo de vida, por culpa de tu cara no puedo pensar con claridad ahora. Estoy embrujado, hechizado, estoy como sólo un loco diría, enamorado.
Día a día rezaba a un falso dios para que te dieras cuenta de que el ángel sin alas que vela por ti todas las noches, todos los días y a todas horas; se estaba apagando lentamente.
Siento que no necesito ya ningún beso de tus labios, pues lo que necesito es volar. Para mi no eres una mujer cualquiera, eres la culpable de los callos en mis dedos por escribirte mil y un poemas que jamás seré capaz de enviarte.
Te vestí de rubia, te vestí de morena e incluso te di una larga melena en repetidas ocasiones.
Ya no veo con claridad si tu mirada está clavada en mi pecho o está clavada en el detrás.
Lentamente voy desvariando, paso a paso voy abandonado la cordura, para encontrarme al fin con todas aquellas musas que un día me dijeron adiós.
Esta carta jamás la leerás, al igual que jamás leerás ninguno de los cientos de escritos que tienen tu nombre.
Me marcho, huyo, las despedidas sobran. Los besos están de más.
Me lamentaré no haberte perdido nunca, pues eso significará que ni por un día, ni un minuto o un segundo, fui capaz de que fueses mía.

lunes, 1 de abril de 2013

La esperanza del desesperado.

Y entonces se hizo el silencio. La habitación quedó vacía, todos la fueron abandonaron lentamente.
Sólo una pequeña luz alumbraba esa habitación. Él, sólo, estaba allí buscando silencio. Y al fin lo había encontrado, en ese instante se dispuso a tumbarse en un sillón, tras cerrar la puerta y apagar aquella luz, que era la única que aún permanecía encendida.
Allí estaba él. Tumbado con los pies en alto y las manos tras la nuca. Disfrutando de aquello que era lo único que no le juzgaba, ni le sentenciaba; el silencio. Con este se encontraba bastante cómodo, podía contemplar los pasos que iba a hacer y los pasos que ya había hecho.
Cerró los ojos y se dispuso a abandonar aquel nefasto y ruidoso día.
Horas más tarde se levantó exaltado, unas voces no le dejaban dormir. Se levantó como un loco para ver quien era el que estaba haciendo tanto ruido. Se dispuso a abrir la puerta y soltar un grito seco para que aquellos que estuvieran haciendo ruido se callaran de una vez, y así al fin, nuestro joven e ingenuo protagonista pudiera volver a aquel sueño en el que se encontraba hacía un instante. Según abrió la puerta, vio que todo estaba en silencio y a oscuras. La gente se había marchado de la casa, y por tanto las voces que le habían despertado no eran, por tanto, de los de la fiesta.
Así que se dispuso de nuevo a volver al sofá el cual esa noche le estaba sirviendo de cama.
Se volvió a tumbar y puso de nuevo los pies en alto y las manos sobre la nuca. Cerró los ojos y se propuso de nuevo volver a dormirse. Pero las voces de nuevo volvieron a repicar, pero esta vez, él se dio cuenta de que las voces no venían de fuera, sino de su cabeza.
Este, atónito por ver que era el mismo el que causaba tal estruendo, se incorporó, poniéndose las manos sobre la cabeza e intentando agarrar algún matojo de su palo del cual tirar.
Su cabeza estaba haciendo demasiado ruido, demasiadas voces que no le dejaban dormir. Este intentó callarlas, pero por mucho que lo intentaba, estas volvían con más y más fuerza. Se levantó, y con movimientos violentos y lamentos desesperados intentaba una y otra vez conseguir el silencio.
Hacía mucho tiempo que estas voces le habían dejado de hablar. Hacía mucho tiempo que estas le dejaban disfrutar del silencio. Hacía mucho tiempo que estas no le estaban arrancado lentamente las ganas de respirar.
Estas voces no paraban de gritarle por dentro, no le dejaban pensar, no le dejaban ni siquiera vivir.
Él, tras haberse sentado, cansado de tanto agitamiento en vano,  se levantó como un resorte y se dirigió hacia la ventana. La abrió y sacó la cabeza. El frío aire de la noche le chocaba en su cara ya enrojecida. Cerró los ojos e imaginó helar sus voces con la nieve que ahí afuera estaba tapando lo que en primavera sería un magnifico patio repleto de flores. Pero al igual que ellas, él cada minuto que pasa y estas voces no cesan sus gritos, parece estar más y más muerto.
Según pasan los minutos, él empieza a envidiar a las flores, envidia su belleza y su protagonismo. Pese a que su vida sea corta, es una vida repleta elogios y miradas. Piensa que para que vivir mucho y mal, pudiendo vivir poco y bien.
Le vino a la cabeza de repente aquella idea del Carpe Diem. Aquella locura de que la vida es sólo un corto trayecto en el cual sólo debes ir por aquellos caminos que más feliz, más libre, más lo que tú quieras, te haga.
Las lagrimas de pasión le caían por las mejillas enrojecidas, nadie sabía lo que las voces le decían. Ni él mismo llegaba a vislumbrar un mínimo de sentido en aquellas oscuras palabras que venían de su interior.
Vio como su pie se iba colocando lentamente en el marco de la ventana, y veía como en el fondo no le importaba caerse, pues para algo se estaba subiendo.
Lentamente fue saliendo por la ventana, primero un pie y luego otro. Tenía la cabeza fuera, todo el cuerpo fuera. Estaba frente al que sería probablemente su final.
Él pensaba para si mismo que caería sobre la acera, y que su cara quedaría destrozada con el asfalto, pero le daba igual. No sentía miedo. A ojos de muchos, era libre. Nada ni nadie le hacía temer.
Mientras imaginaba su cara en el duro y frío asfalto, pensaba que era una muerte penosa, que la gente al verle la mañana siguiente se reiría por elegir tan patético final. Pero ni con esas, su mente le daba igual, nada le hacía cambiar de parecer. Su respuesta ante la idea de ese patético final, fue decirse a si mismo, que ya que ha tenido una vida patética, debía tener un final acorde a ella.
Abría y cerraba los ojos lentamente, como saboreando el final de una gran historia. En verdad, era el final de la única historia en la que él, le gustase o no le gustase, era el protagonista.
Leves amagos con las rodillas, primero soltado de una mano, y luego la otra. Poco a poco iba cogiendo confianza para el santo.
Cerró los ojos una ultima vez, cogió aire y lentamente según lo expulsaba iba abriéndolos, viendo todo aquello que iba a dejar atrás. Mientras su última bocanada de aire abandonaba sus pulmones, en aquella oscura y fría noche de enero, un chica se bajaba de un coche. Su largo pelo castaño hizo que nuestro protagonista se agarrase de nuevo, quería ver quien era. Volvió a respirar y a parpadear.
No podía dejar de mirar a aquella bella mujer que estaba regalándole segundos de más a una vida con fecha de caducidad.
Él, por un instante la metió a ella en su mente, la sumó a la ecuación de su vida. El resultado de esta hipótesis era positivo.
Él no dejó de mirarla hasta que ella se metió en su casa. Al entrar ella, él volvió a entrar en la habitación sin poder borrar de su mente la imagen de esa bella desconocida.
Necesitaba saber su nombre, saber que le gustaba, saber cuales eran sus aficiones y metas, necesitaba saberlo todo. Ella era el faro que aquella oscura vida necesitaba.
Nuestro joven e ingenuo protagonista se acostó pensando que ella algún día sería suya. Pero ella ya resoplaba por otro, ese otro no era mejor que nuestro protagonista. Simplemente el destino le coloco a este antes que a él, en la vida de nuestra bella desconocida. Puede que nuestro protagonista vuelva a oír de nuevo las voces, pero la esperanza que lo salvó una vez, sé que lo salvará de nuevo.

lunes, 18 de marzo de 2013

Desde Notre Dame.

Protegido por este majestuoso campanario, te observo. Te miro a lo lejos pasear. Veo como ríes, veo como miras y veo como vives ajena a todos mis sentimientos hacia ti. 
Cada día me subo a este pequeño saliente al cual el transcurso del tiempo no ha tratado del todo mal. Me siento sobre él, y espero impaciente a que esa larga melena cruce por delante de la plaza a donde estoy mirando. 
Los minutos se me hacen horas aguardando tu llegada, me entretengo imaginándome con otro aspecto. 
Con algún aspecto con el que pueda sentirme seguro para así poder bajar y poder verte de cerca. Para poder mirarte fijamente, para así poder escuchar al fin el tono de tu voz o incluso para poder oler la fragancia que deja tu pelo en el aire al pasar junto a ti. 
Otro día más te retrasas, y otro día en el que me toca mirar al cielo y suplicar que aunque sea tarde, que llegues. 
Mis plegarias no suelen ser escuchadas, pues pedí que me diera alguna oportunidad contigo, pero aquí sigo, en lo alto y escondido en una densa oscuridad aguardando tu llegada. 
Al fin apareces por la esquina del fondo, llegas y te paras frente al campanario. Imagino bajar y besarte. Sigues adelante y saludas a unas personas, y me vuelvo a imaginar besándote. Avanzas y llegas al fin a una tienda donde te paras y lentamente te acercas a un chico. 
Mi mente se bloquea, no sé que pensar. Las rodillas me tiemblan y el aire me falla. Sigo mirando fijamente y veo que te acercas y le saludas, no le besas, mi corazón recupera su latido normal. Vuelvo a mi con gran rapidez, sigo observándote durante un largo rato hasta que te alejas andando lentamente en un grupo de gente en el que daría mi vida por algún día estar. 
Mis delirios hacia ti me hacen sentirme un loco, un monstruo.... Tengo miedo a perderte, pero más tengo a seguir buscándote. Mi cabeza no deja de pensar en tu cara, tus labios e imaginar una y otra vez las palabras que dirás cuando me encuentre frente a ti. Frío al no verte, calor al divisarte en la lejanía, sensaciones antagónicas que me llevan lentamente a la locura. 
Salgo corriendo a asomarme de nuevo a la cornisa, con fe en que volverás de nuevo. El corazón parece que me va a explotar, las manos me sudan y las piernas me fallan. 
La cornisa, mi compañera de sueños, me falla, al dejarme caer. Eso pienso mientras caigo, mientras lo más seguro es que el nerviosismo me halla jugado una mala jugada.
El suelo es duro, y por tanto la caída es letal. Estoy muerto, no respiro, no siento, no puedo hacer nada.
Pero aquí sigo pensando en como me he podido caer, y aún pienso si no esperé demasiado para demostrarla lo que sentía.
-¡DIOS! Pensé al despertar de aquel horrible sueño, menos mal que todo era una invención de mi mente. 
Aquel sueño me hizo pensar, pensé en ti, pensé en mi y pensé en la oscuridad donde me oculto.
Mi cabeza se llenó de preguntas sobre lo que hacer, la verdad es que todas las respuestas me llevaban a un mismo lugar, tú. Simplemente tú, eres la culpable de mis derrotas y de mis victorias, eres la única que me da aire con el cual respirar, eres la única cosa por la cual merece la pena nadar río arriba.
Aunque la respuesta sea fría o duela, mereces saber que eres el dolor que me hace ser humano. 

viernes, 22 de febrero de 2013

Una amarga despedida.

Me despido. Te digo adiós, no es nada fácil pero la vida  funciona así. Unos vienen y otros se van, juro que te echaré de menos. Te añoraré más de lo que te crees, pues has sido parte fundamental de lo que ahora soy.
Aún recuerdo el día en que llegaste. Recuerdo como si fuera ayer despertarme entre duros dolores, pero saber que ese era mi día. El niño dejaba la niñez y pasaba a ser un adulto.
Dos de mis grandes amores llamaron a mi puerta y sacándome una sonrisa me recordaron que ese era mi día, armadas de una tarta me tiraban de las orejas. Pese a tener terribles dolores, ese seguía siendo mi día. Estos fueron desapareciendo según avanzaba el día y poco a poco fueron viniendo unos pocos más para recordarme que ese era mi gran día.
Probablemente no fuera el mejor cumpleaños del mundo, pero sé que lo pasé junto a los míos, y es más de lo que necesito.  Muchos que aquel día me daban vida, ya no están. No fueron sustituidos por otros, simplemente se fueron dejando su vacío.
Los meses venideros no fueron como esperaba, primero el dolor tiñó mi  vida. La angustia, la añoranza y la rabia se convirtieron en mis compañeros de viajes. Pese a pensar que poco a poco les iba dejando atrás,todos los días volvían para recordarme que estaba sólo. Y que aún lo sigo estando.
Los meses siguientes no fueron mejores, simplemente se podrían resumir como decepción tras decepción. Un chico de grandes sueños, reducido a la nada. Junto con la rabia, la añoranza y la angustia; se unió a nuestro viaje la decepción y la vergüenza.
Así comenzó el verano, el verano de los 18. Pero gracias a Dios ellos estaban ahí, mis amigos.Y gracias a ellos probablemente se salve este año. Pues junto a ellos pasé probablemente la mejor semana de mi vida. Pues en ese, por desgracia, breve tiempo,ni la más oscuras de las amarguras se atrevió a oscurecer esos grandes momentos, los cuales aún tengo grabados a fuego en mi memoria.
Fueron ellos mediante sus bromas, sus tonterías y su amistad quienes me sacaron del hoyo. Por cosas como estas les estaré eternamente agradecido.
Probablemente la semana en Mallorca me mostró el camino del cambio, al cual me aferré con uñas y dientes. Tras estos días, vinieron una infinidad de fiestas para recordarme que aquello en el fondo no estaba tan mal.
Fueron varias las que intentaron suplir ese vacío, pero ninguna lo consiguió. El dolor seguía aún ahí, pese a que durante un tiempo lo hubiera maquillado con alcohol y algunas mujeres.
La angustia volvió cuando entendí que jamás volverías.
La rabia me consumía día a día, pese a que juraba haberte olvidado. Sabía que no había tocado el fondo, pero que para este quedaba mas bien poco.
Entonces apareció un clavo ardiendo al cual me agarré sin dudarlo. Simplemente me llenó de esperanza para así  poder resurgir.
Estos últimos meses he intentado cambiar, y pese a estar convencido que no lo he hecho, algo me dice por dentro que sí. Ignoro si he cambiado para bien, o tal vez para mal, pero ahora sé que todo duele menos.
Los meses de invierno trajeron consigo grandes cambios en mi vida. Instituto nuevo, compañeros nuevos, pero mismos problemas.
El miedo ha desaparecido, pues sé que no hay mal que no pueda superar si tengo fe en mí.
Sigo agarrándome al mismo clavo ardiendo, sé que nunca será mía. Pero no la persigo por amor, simplemente para que me siga llenando de esperanza.
Algunos abandonaron el barco de mi vida, pero sé que volverán, pues le estamos esperando.Otros siguen junto a mi, más fuertes que nunca y demostrando que siempre estarán aquí, a mi lado.
Según pasaba el tiempo vi como tenía que ir haciendo esta despedida, y os aseguro que no ha sido fácil. Dejo atrás muchas cosas, dejo atrás un gran amor, dejo atrás grandes momentos, pero también dejo atrás grandes lastres.
Probablemente los 18 no fueron mi mejor año, pero fueron tan importantes como el resto. Pues sin ellos no estaría aquí escribiendo esto, tembloroso de ver que me deparan los 19, pero a la par entusiasmado por saber si este será mi año al fin.
Al igual que los empecé, los acabo. Cargado de grandes sueños y de mayores esperanzas.
Me despido por última vez, ha sido un placer este viaje junto a ti, pero es momento de separarse. Adiós.