I'm free to be whatever I whatever I choose

miércoles, 3 de abril de 2013

Buen viaje bella dama.

Cada día que pasa me vuelvo más loco, más irascible y mas ermitaño. Cada momento que dejo escapar sin estar a tu lado, es un momento perdido. Cada vez que escribo esta basura para hacerte entender que sin ti nada tiene sentido, me siento más y más inútil.
Mis musas me abandonaron hace ya tiempo, nada me queda ya. La esperanza, cada día que pasa, es más pobre. Nada me da fuerzas para poner otro pie en el frío hielo.
Perderte no es una posibilidad, pues para eso alguna vez has tenido que ser mía.
La idea de jamás poseerte me reconcome por dentro lentamente, como un loco que augura la perdida de su poca conciencia.
La lluvia deja de tener un mínimo de retorica cuando llevo tanto tiempo frente a tu ventana esperando a ver de nuevo tu cara. Mientras, la noche cae sobre mi oscuro pelo, y este ya no puede estar más mojado por los sueños ahogados, en los que ambos jugábamos a contar estrellas de la mano.
Mi piel no siente el agua de la fría lluvia, la cual me está mojando desde que empecé esta espera, para algún día volverte a ver. Esta espera se convirtió en un modo de vida, por culpa de tu cara no puedo pensar con claridad ahora. Estoy embrujado, hechizado, estoy como sólo un loco diría, enamorado.
Día a día rezaba a un falso dios para que te dieras cuenta de que el ángel sin alas que vela por ti todas las noches, todos los días y a todas horas; se estaba apagando lentamente.
Siento que no necesito ya ningún beso de tus labios, pues lo que necesito es volar. Para mi no eres una mujer cualquiera, eres la culpable de los callos en mis dedos por escribirte mil y un poemas que jamás seré capaz de enviarte.
Te vestí de rubia, te vestí de morena e incluso te di una larga melena en repetidas ocasiones.
Ya no veo con claridad si tu mirada está clavada en mi pecho o está clavada en el detrás.
Lentamente voy desvariando, paso a paso voy abandonado la cordura, para encontrarme al fin con todas aquellas musas que un día me dijeron adiós.
Esta carta jamás la leerás, al igual que jamás leerás ninguno de los cientos de escritos que tienen tu nombre.
Me marcho, huyo, las despedidas sobran. Los besos están de más.
Me lamentaré no haberte perdido nunca, pues eso significará que ni por un día, ni un minuto o un segundo, fui capaz de que fueses mía.

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