I'm free to be whatever I whatever I choose

jueves, 23 de julio de 2015

Su peso en oro.


  ¿Cuál es el valor real de las cosas?
¿Qué es lo que vale en sí una acción tan simple como el movimiento?
Como por ejemplo, el movimiento hacia un sitio tan oscuro como el final de mi mente. Lugar donde anidan mis ideas más peligrosas, y que hacen de mi un ser tan abrupto.
No sé si estas ideas están ahí por elección mía o no, pues no recuerdo nada en absoluto sobre ellas.
Sólo puedo decir que son las causantes de muchos de mis problemas. Al igual que las dueñas de casi todas mis personalidades.
Al fondo de mi mente no hay luz. Pues si la hubiera, vería el camino que han seguido todas ellas para llegar hasta ahí, y de esta manera seguir el rastro que han dejado sobre esta.
Tampoco hay temperatura alguna, pues es un lugar demasiado inhóspito para que ni siquiera exista el calor, el frío o los grados.
En el fondo de mi mente no aflora la esperanza, ni el futuro. Porque aquí no aflora nada que no sea oscuridad. Pues es el hábitat perfecto para la simple nada.

miércoles, 4 de marzo de 2015

¿Qué es un verdadero arte?

El arte. ¿Qué podemos entender por arte? Se puede considerar algo así como una depuración máxima de una acción tal como escribir, pintar o cantar. Simplemente debes realizar dicha acción de una forma tan sumamente perfecta que se pueda denominar de esta manera. Perfeccionar una acción hasta un punto en el que puedas ser considerado un maestro en la materia, los que algunos llaman artista.
Dicho esto, yo soy un artista. Desde el mismo día que nací, lo supe.
Simplemente necesito un espacio físico, no muy grande, para empezar a realizar mi gran obra.
Aunque también soy mago, y mi especialidad suelen ser los juegos de manos. Soy capaz de hacer desaparecer cosas sin apenas movimiento ni distracción.
Pero, ¿qué es la magia? Porque no es lo mismo que el arte. Aunque habrá quienes digan que la magia no es más que el arte del engaño.
Entonces, diremos que la magia es la capacidad de engañar al que se encuentra frente a nosotros, sin que este se de cuenta de que está siendo estafado por sus propia mente.
He de confesar que en ocasiones se antoja harto complicado conseguir engañar a aquel que te mira con lupa para poder ver donde se encuentra el truco o el engaño. Aunque no es imposible.
Porque Señor, ha de saber usted una cosa, esto es magia. Aquí no hay trampa ni cartón, simplemente está siendo usted testigo de una ilusión. No se enerve usted si he sido capaz, de alguna forma, de anular sus sentidos de la percepción durante un breve instante. En el cual me ha dado tiempo a realizar el arte de la magia, del engaño o de la mera distracción.
Es decir, soy un artista y un mago, y mi gran truco no es otro que cagarla sin apenas movimiento ni esfuerzo. Trucos tales como ser capaz de hacer el máximo ruido en una biblioteca abarrotada de gente en la que reina un silencio total al intentar ser sigiloso con una silla, tropezar sobre una pila eterna de botellas de cristal que se precipitan contra el suelo, mientras un grupo de personas miran asombradas o desaparecer instantes antes de que se me necesite de forma urgente...
Dicho así no parece magia, pero os aseguro que lo es. Cierto es que los ejemplos que he puesto no son los mejores, pero también he de decir que la metáfora nunca fue mi recurso literario favorito.
Recopilando, soy un artista, un mago y humano, aunque esto último lo he dudado siempre.
Tengo la capacidad de sentir, lo cual, me hace parecer humano. Aunque sólo sea en apariencia.
Pero no me siento tan normal o humano como el resto de personas que veo a mi alrededor. Opino y veo que no hay muchas similitudes entre aquel hombre que me mira de reojo al fondo del vagón y yo.
En ocasiones, me gusta pararme a pensar que no soy nada más que una estatua y que todo lo que sucede a mi alrededor no es más que una sucesión de actos de los que yo no formo parte y de los que no tengo forma alguna de influir. Pero este experimento no suele salir bien. Porque también soy bastante inoportuno.
Así que repitamos otra vez, soy artista, mago, humano e inoportuno. No es una mala combinación de adjetivos y atributos para aquel chico que se comenzó a aburrir en el Metro mirando a través de esas absurdas ventanas, y que prosiguió con este relato caminando un breve tramo en un intercambiador de Madrid. Y que fue capaz de dar fin a esta historia en un bus mientras veía al Sol decir adíos allá a lo lejos, otra noche más.
Porque esto no es arte, sino palabrería. Ni tampoco magia, sino ingenio.