I'm free to be whatever I whatever I choose

jueves, 23 de mayo de 2013

El amor a veinte metros.

-Os señalo con la mano, os invito a subir, ahora estáis frente a todos sobre este escenario de marfil y oro.
Haced una lista de gilipolleces y gilipollas, poned mi cara como la primera de todas. Bien grande y sonriente, para que no se olvide. Acto seguido relatad las mil acciones que juré jamás hacer y que he hecho. También colocar por algún lado las mil oportunidades que prometí jamás otorgar y que he otorgado. Después pintad una pelota. Me viene dando lo mismo si es de playa, de fútbol o de baloncesto, pues la idea es la misma. La idea es que con una pelota se juega, y conmigo por lo visto también. Así que al lado de la pelota poned mi nombre, en negrita a poder ser. 
No pretendo emocionarme ni exaltarme al obligaros a escribir esto en este folio abandonado por el tiempo. Lo único que quiero es recordar todas aquellas acciones que me han hecho llegar a esta situación, para que no las vuelva a hacer. Y por tanto, esto no me vuelva a suceder. 
Tú, eres bella como la que más y especial como ninguna. La inteligencia puede que sea un don de pocos, y tú, viéndolo desde diferentes ángulos, o no eres de esos pocos, o eres "esos pocos"  
Te lo puse fácil, me rendí ante ti. Tal vez fuera tu cercanía lo que me hizo decantarme por ti. Creí que serías la gran flor de mi campo. Tenía puestas en ti altas expectativas. 
Un día de lluvia, otro de sol y por último uno de frío. Así pasaron los meses, uno tras otro, como si se tratasen de días. Dejamos de ser desconocidos, pasamos a ser "amigos" y ahora simplemente somos nada. No me das oportunidad de avanzar. No me dejas preguntarte si quieres intentar andar este camino de la mano. Tu miedo, mi lentitud, o tal vez nuestro orgullo me han hecho fallar. 
Ahora mismo es difícil pensar en un futuro, cuando te planteas poner fin a este presente. Mil y una oportunidades tuvimos de pasar juntas las horas, pero todas y cada una de ellas fueron lapidadas por tus obligaciones y escusas que se clavaban como flechas en mis ganas de verte otra vez. Antes era frío e inseguro, ahora soy un hombre que está cabreado y tiene frío.
Hoy, al igual que mañana, puede que me importes más de lo que tú te crees. O que tal vez no me importes una mierda, pero lo que sé es que si me hubieras otorgado tiempo, ahora no serías nada, serías la mitad de una palabra que es difícil de usar.  Ahora me marcho, pero esta vez físicamente me voy. 
Dudo que tus actos conmigo hayan conseguido que tenga confianza en ti.
Tus palabras no creo que lleguen a llenar este vacío. Pero hoy he de decir que tienes mala suerte, pues se te acabaron las oportunidades también. Jamás me demostraste nada.
Tal vez me quedase embobado por una simple sombra que no existía, y que era un simple espejismo que tapaba tu verdadero ser. Los atributos de este, no me gustan. Su egoísmo es algo que me hace pensar en si hago bien al intentar entrar en este jardín sombrío. 
Tus historias son algo que se me escapa entre los dedos como si fuera agua. Ayer nos veíamos, hoy casi no nos vemos, pero mañana, no nos veremos. 
La lista empieza a concluir, concluye con una mesa puesta y con la comida poniéndose fría, con un hombre esperando un sábado tras otro que su teléfono suene y con el mismo hombre esperando un cambio que le haga borrar todo aquello que ha escrito y lo cambie por un "¿Quieres gastar el resto de las horas que te quedan junto a mi?" 
Pero como he dicho, la lista concluye ya. No es muy larga, pues tampoco he dejado que fuera más grande de lo estrictamente necesario. Al igual que la lista, mi presencia aquí llega a su fin. Por fin abandono esto. La distancia me hará pensar, pero no hay que olvidar una cosa,  la distancia hace el olvido.

lunes, 13 de mayo de 2013

Los días de ayer...

Llegó el final, sus ganas de seguir luchando cesaron al fin. La sangre que le corría por la frente demostraba, que fue incapaz de tirar el muro a cabezazos. Que sus intentos fueron inútiles  que ya no le queda nada ni nadie. Simplemente está él, rodeado de cuatro paredes duras como el acero y frías como el hielo.
No llora pues se quedó seco, no grita pues se quedó sin voz, y no piensa pues se quedó sin fuerzas.
Los días y las noches pasaban sin diferenciarse uno del otro. No existía la necesidad de comer ni de beber, pues simplemente no tenía la necesidad ni de existir. No comprendía quien le había maldecido, quien era el verdadero culpable de todos sus males.
Días, semanas, meses y años pasaron, el niño que un día fue, se había esfumado. Las paredes seguían ahí. Y el pequeño agujero que tenía por el cual entraba luz y oxigeno, y por el que miraba al exterior, le estaba mostrando que todo había cambiado. Aquel árbol que un día le vio crecer, murió. Ese joven que tanto admiraba, se casó y espera su segundo hijo. Ese gran patio que le vio correr, fue destrozado por el tiempo, al igual que la autoestima de nuestro protagonista.
Todo había cambiado, para bien o para mal, pero había cambiado. Aquellos que un día lloraban, hoy ríen. Aquellos que hoy lloran, mañana reirán. Pero él, encerrado en esa cárcel de su mente, no entiende nada.
No alcanzaba a entender ese cambio que estaba ocurriendo fuera de él, ¿cómo todo ha dejado de ser como era? -se preguntaba una y otra vez con las pocas fuerzas que le quedaban.
Todas estas ideas le frustraban poco a poco, ¿por qué el cambio? -se preguntaba de nuevo. El miedo a lo desconocido, se transformó en dolor, y este en frustración. No esperaba nada de nadie, pero esperaba que alguien le sorprendiera al fin.
En verdad aquella dura y fría cárcel era invención de su propia mente, un lastre que le impedía avanzar, una pesada losa con la que cargar. El viaje es largo, y este peso demasiado grande. No avanzó por el hecho de no querer avanzar, sino por el peso del pasado el cual nuestro joven cargaba sobre su espalda. La idea de lo nuevo no era bienvenida, pero la idea de lo antiguo, de lo corto y efímero, era algo que le llenaba, le hacía recordar, pero le lastraba.
Él, se dio cuenta de que el peso que llevaba sobre su espalda era absurdo e innecesario, pero había miedo al cambio.
Siguió sentado mirando desde un lado del camino todos lo cambios que sucedían, lo comparaba con tiempos pasados, tiempos mejores....
Su angustia iba en aumento, pues cada segundo que pasaba era un segundo perdido, un segundo que jamás se recuperará, un segundo al cual añorar.
La madurez fue su aliada, pero luego la quiso abandonar. Nuestro joven encarcelado no quería crecer, no quería pensar en nada que no fuera del ayer, no quería salir de su cárcel. Poco a poco se fue dando cuenta de que la cárcel donde estaba apresado, no era una prisión, si no un fuerte. Un escudo frente al resto de personas, un escudo frente al cambio y frente al mañana.
Asumió que debía crecer, madurar y abandonar el pasado. Que todos aquellos recuerdos que había almacenado durante años sin darse cuenta y de los cuales se sentía tan orgulloso, debía abandonarlos, debía quemarlos para dejar paso a unos recuerdos nuevos.
Su verdadero enemigo, fue el tiempo. Aquel que un día le hizo sentir furor dentro de él, y que ahora le reclama aquello que es suyo, su niñez.
Probablemente, junto a sus recuerdos, este sea su bien más preciado. Pero deberá venderlo a cambio de un futuro, a cambio de algo que el día de mañana no le haga saltar desde un puente o despedirse desde una sucia bañera. Un algo, que pese a que no le guste, ha comprado todo el mundo. Un algo que le costará su felicidad.

jueves, 9 de mayo de 2013

Bajo Tolerancia.



Su profesión se sabe es muy antigua
y ha perdurado hasta ahora sin variar
a través de los siglos y civilizaciones.
No conocen vergüenza ni reposo
se emperran en su oficio a pesar de las críticas
unas veces cantando
otras sufriendo el odio y la persecución
mas casi siempre bajo tolerancia.
Platón no les dio sitio en su República.
Creen en el amor
a pesar de sus muchas corrupciones y vicios
suelen mitificar bastante la niñez
y poseen medallones y retratos
que miran en silencio cuando se ponen tristes.
Ah curiosas personas que en ocasiones yacen
en lechos lujosísimos y enormes
pero que no desdeñan revolcarse
en los sucios jergones de la concupiscencia
solo por un capricho.
Le piden a la vida más de lo que ésta ofrece.
Difícilmente llegan a reunir dinero
la previsión no es su característica
y se van marchitando poco a poco
de un modo algo ridículo
si antes no les dan muerte por quién sabe qué cosas.
Así son pues los poetas
las viejas prostitutas de la historia.


                                                                                             José Agustín Goytisolo
                                                                                     

lunes, 6 de mayo de 2013

El mañana ha llegado.

¡Acusarnos!
Somos jóvenes y libres
somos el futuro,
somos la esperanza y el fin.
Somos corsarios que gobiernan el mar,
somos los hombres que dominarán.
Hoy montamos ruido,
pero mañana seremos el cambio.

Camina.

Siento dolor,
tumbado en esta cama de pinchos, tiemblo.
Mi sangre es de color azul
pues un día fui un príncipe.
Perdí el trono y a mi princesa.
Hoy, corro con miedo.
Busco con ansia, y
muero con lentitud.
¿Qué me depara esto?
¿Sólo hay dolor?
¿Algún día me levantaré?
Pregunto día y noche a
aquel que un día dijo que nos salvaría.
No es esperanza lo que pido,
simplemente deseo una salvación.
Un cese del daño,
una despedida ante esta tortura.
Tú, que un día nos juraste amor eterno
ayúdame, ven y curarme.
Dame alas para volar
o simplemente una bala la cual disparar.
La luz se ha fundido,
el túnel se ha teñido de negro.
Ya me cansé de esperar,
me despido.
Hasta nunca incautos.
Nos vemos al otro lado.


domingo, 5 de mayo de 2013

Bendito tiempo.

Abandono esta idea, y tú con ella. Fueron muchos los meses en los que la desesperación fue alta, y la agonía mayor.  El tiempo es un bien que jamás se recupera. Este, está para gastarse, está para derrocharse y está para invertirlo. Yo quería gastar tiempo a tu lado, derrocharlo mirándote todos los días a los ojos, e invertirlo de tu mano.
Pretendía hacer una infinidad de cosas con mi tiempo, pero te preferí a ti.
Gasté todos y cada uno de los segundos que tiene una infinitud en conseguirte. Pensé que todo aquello que perseguí había pasado a tener nombre y apellidos. No fuiste más que mi vida.
Eras la cara que veía al acostar y la que veía al levantar. Eras el amor no correspondido.
Hoy pienso detenidamente que si algo ha valido la pena. Si el tiempo que invertí en un "nada" para ambos, ahora me sirve. Que si mi vida pasó a depreciarse al subyugarse a la tuya. No era más que tu juguete, tu intento de entretenimiento, no era nada, pese que tú para mi eras todo.
Es triste leerlo, pero más es sentirlo. Sentir ser un pañuelo, pero no un pañuelo usado, sino simplemente uno desechado sin llegar a ser usado. El vaso que se resquebraja tras ser comprado sin haber sido usado.
Ahora, no duele. Hay vacío. De ese "amor" sólo quedas unas ruinas que forman sutilmente un paraje inhóspito para ti. Pues ya que jamás llegaste a saber que mi amor existía, nunca fuiste consciente que el chico que te miraba y te comprendía moría por morder esos labios carnosos.
Mil y una palabras se me ocurren para catalogarme. Para catalogar a alguien que se lamenta de algo, aunque no tuvo lo que tenía que tener para decirla a ella que era la dueña de lo que un día fue un corazón.
Pienso que a lo mejor aún no es tarde. Que si corro llegaré. Soy rápido con las piernas, tardaría un breve instante hasta llegar hasta ella. Sé donde está, creo que este es mi momento. Creo que no puedo fallar.
Y creo que pese a que corra, que la encuentre y me plante frente a ella, ya todo sea demasiado tarde. Pues porque sé con quien está. Sé que no está sola, sé que alguien se me adelantó. Y sé que el que ahora besa esos labios carnosos y despilfarra su tiempo con ella, no soy yo.