I'm free to be whatever I whatever I choose

lunes, 19 de marzo de 2012

1/20

Tras muchos pensar, y mucho meditar.
Mi reacción es la siguiente:Espero que esa sonrisa vuelva, espero que ese afán por el amor resucite, y espero que esa energía la sueltes de nuevo, pero jamás volver a ser conmigo.
Espero que la decisión que tomaste te gustase,y que esa persona que nos hizo separar te sepa cuidar.
Vuelve a ser feliz, y vuelve a enamorar a la vida con tu forma de ser. 
1-20 

Prometo.

Prometo no mirarte al pasar, prometo jurar que no te vi si me preguntan, prometo no volver a obsesionarme con tu cara, prometo dejarte libre y prometo jamás volver a sonreír cuando te vea.
Esta es una promesa que tal vez jamas cumpla o tal vez si, el único que lo sabrá será el tiempo, ese del que nosotros carecemos ahora.

El vuelo escocés.

Siempre soñé con volar, pensé ser una mosca y poder crecer, ser un pájaro o mejor un colibrí.
Pensar en ser mas grande paso a ser mi gran obsesión, pensar en ser tal vez como un avión o quizás algo tan impresionante como el Sol.
Pero cuando te das cuenta de que todo lo perdiste, que ya eras el Sol , que tenias tu propia Luna y que ahora no podes ni andar, como para pensar en volar.
Ese día te das cuenta de que solo puedes soñar para conseguir escapar.

lunes, 5 de marzo de 2012

Mi miedo eres tú.

Tú dices que amas la lluvia,sin embargo usas paraguas cunado llueve.Tú dices que amas el Sol, pero siempre   buscas la sombra cuando este brilla.Tú dices que amas el viento, pero cierras las ventanas cuando este sopla.Por eso es que tengo miedo,cuando dices que me amas.
-Bob  Marley.

Pensamos demasiado y sentimos muy poco.


Un sueño llamado libertad.



 -Un molesto silbido del viento contra el cristal roto de la ventana, le despertó de su sueño, este se miró las manos e imaginó volver al sueño, pero por mucho que soñase, el color de sus manos jamás cambiaría.
Sabía que ese día no sería fácil ni corto, pero, ¿alguno lo ha sido desde que dejó la sabana atrás?-se preguntó.
Ese era otro día más en ese cuchitril donde los olores pútridos eran el aroma de todas las mañanas, se tocó el pecho y colocó su mano sobre el corazón, cerró los ojos, y soñó por un breve instante volver a ser libre.
La luz aún no había salido, cuando los perros del Patrón con sus ladridos despertaron al resto de compañeros de Kabú.
El Patrón, era un exmilitar de muy alto rango, que se jubiló joven por una herida en la pierna, la cual le dejó una pequeña cojera, que le obligaba a llevar un bastón para corregirla .El bastón, de  madera del norte, tallado a mano y con la punta de metal, que muchos de los negros habían probado ya, entre ellos Kabú.
Todo esto lo pensaba Kabú mirando a la Luna, ya casi desapareciendo, la cual era su única compañera en aquel lugar.
Este prosiguió con el pensamiento, diciendo para su persona, que tal vez el Patrón no fuese mal hombre, pues para los suyos no era mas que un empresario que cultivaba sus tierras mediante esclavos, los cuales solo eran útiles para el trabajo, que no valían para nada más, pero para sus compañeros el Patrón era el diablo blanco.
Kabú que había dormido muy poco y estaba muy cansado, no quería trabajar, pero sabía que si quería vivir tenía que trabajar, aunque cada día que pasaba le veía menos sentido a la vida.
Porque a él el contrato de esclavo no le gustaba, pues trabajar día y noche, por simplemente vivir, no le parecía justo.
Kabú se giró y miró la que fuera la cama de su único compañero, que un día desapareció, el Patrón se lo llevó por no poder trabajar debido a su enfermedad, Kabú estaba convencido de que Fadin ya no seguía con vida, pero probablemente el echo de una posible vuelta de éste a la hacienda hacía que Kabú se levantase cada mañana.
Kabú siempre se emocionaba al pensar en Fadin, pues el fue el único que le comprendía y que sabía ayudarle cuando estaba mal.
Kabú tenía claro que jamás dejaría de trabajar porque, no quería morir, porque su gran sueño de volver a África seguía en él.
Un ladrido le trajo de nuevo a la realidad, pero rápidamente volvió a pensar en lo que sería volver a su casa con Fadin, volver los dos juntos y empezar de nuevo, lo cual había dejado de ser un sueño y había pasado a ser una obsesión.
Unas especies de gachas le esperaban para desayunar, igual que para cenar y comer, un día y otro y otra más, jugar con la cuchara era su única distracción.
Recuerda como si hubiese sido ayer su primer día en la hacienda, como el clima le mataba y los pulmones casi no le funcionaban, y de cómo un joven le ayudó, le estiró la mano y le dijo:-Me llamo Fadin, y estoy aquí para ayudarte.
Jornadas interminables, trabajos forzados, calor asfixiante, era esa la tónica de cada día, pero siempre sabía que a la vuelta estaría con él, quien poco a poco se convirtió en algo  más que un simple  amigo.
Pero esto pasó hace ya tanto tiempo, que se le pierde en la memoria.
Ahora  estaba solo, tal vez el resto le vieran con ojos diferentes, y simplemente le dejaban al margen, esa diferencia no venía por el color de piel, ni por ser una persona problemática, sino porque para muchos la amistad que tenía con Fadin era algo que no alcanzaban a entender.
Kabú no entendía porque si el sentía una cosa, no podía demostrarlo, porque el recuerdo de esa noche junto a Fadin, donde al fin descubrió su sitio en este mundo, y por una vez en su vida no se sentía desplazado.
Kabú pese a no ser muy mayor, ya tenía alguna que otra cana, al igual que unas ojeras muy marcadas, debido al gran esfuerzo físico que tenía que realizar día a día, y al poco descanso del que gozaba. Esos pelos blancos que asomaban entre su pelo oscuro como la noche, le recordaban las calamidades y el tiempo que había pasado lejos de su África natal. Él nunca había dado mucha importancia a su aspecto físico, pero la aparición de éstas, le hizo darse cuenta de que ya no era el niño que fue una vez, y que la frase que siempre se repetía en la cabeza, de que por muy difícil que parezca siempre habría una salida, ya  había perdido parte de sentido, y sobretodo desde que Fadin se marchó.
Una dura patada en la espalda le despertó, al volver en sí, se tropezó y calló sobre un charco, estaba en medio de la hacienda rodeado de algodón y con la cara llena de barro.
Al quitarse el barro de la cara lo vio, estaba ahí frente a él. Era eso que siempre buscó y que jamás imaginó encontrar. Se levantó lentamente y mientras se quitaba el barro de la cara, no podía dejar de mirarlo, era tan precioso, tan perfecto, Kabú no sabía como reaccionar, los nervios le podían y se dispuso a ir hacia él, mientras el capataz le gritaba que se  parase, pero el no le escuchó, el solo veía al fondo a Fadin, a su padre, a su madre, sus hermanos, su casa, la sabana…
Kabú empezó a correr, mientras todos los demás esclavos le gritaban, el no podía parar, corría, corría y seguía corriendo, el solo sabía que volvía a casa y que nadie le podría parar.
Mientras corría Kabú, no podía paraba de sonreír, la felicidad le inundaba, volvió a ser feliz durante un instante.
Kabú murió. Una  fría bala le atravesó el pecho mientras corría, no llegó muy lejos la verdad, pero murió por un sueño, un sueño llamado libertad.
Para muchos Kabú murió siendo esclavo. Pero para él murió libre, aunque esa libertad la tuviese que encontrar en la muerte.