I'm free to be whatever I whatever I choose

sábado, 29 de marzo de 2014

Cenizas.

   Y es entonces cuando despiertas y al abrir los ojos te das cuenta de que todo lo que has hecho en tu no muy larga vida no vale de absolutamente nada. Carece de valor. Has vivido una existencia insignificante.
Sopesas cada una de las acciones que has cometido, y llegas a la conclusión de que has sido incapaz de retener algo. Siempre con miedo a perderlo, luego a tenerlo y de nuevo, a volver a perderlo.
No es frío ni calor, es simple vacío. Escribo sin levantar la cabeza, pues no creo que sea merecedor de sentirme orgulloso de esto que escribo.
Ni un sólo logro en mis queridos veinte años de vida. Pese a ser educado para ser un ganador, no me he atrevido a competir en esta vida.
Llevo cuatro años anclado en un punto de mi existencia. Pese a que esta etapa comenzara siendo el momento más glorioso y feliz de mi vida, ya no aguanto más. Está llegando a ser una etapa demasiado tortuosa como para seguir viviéndolo sin darse cuenta de que estoy comenzando a perder el norte, el sur, la cordura y la brújula entera.
Mi existencia no es frágil, y aunque no me guste, soy incapaz de pasar desapercibido. Las personas, las mujeres, la vida, todo en algún momento del día me llama para que relacione con ello. Me relaciono, me sacio y desparezco. No hago más, simplemente me introduzco levemente bajo tierra y abandono la escena.
A la larga, no es que duela, si no que te das cuenta de que no formas parte de nada. Nadie te llega a considerar muy valioso, ni útil siquiera. Simplemente otra barra en este código infinito que es la vida.
No siento necesidad de gritar. Ni de revelarme. Solamente siento que debo cambiar, COMO CADA VEZ QUE ME OCURRE ESTO.
Pero esto se arregla sencillo, pues mañana al despertar todos estos pensamientos agridulces habrán sido escondidos bajo la alfombra de mi mente por mis fantasmas. Para así, que otro día haciendo limpieza por la habitación de mi cabeza me encuentre de nuevo estos recuerdos, y sea un volver a empezar de nuevo.
Supongo que en momentos como estos me doy cuenta de lo hipócrita, de lo superficial, de lo narcisista y de lo egoísta que he llegado a ser.
Es más sencillo huir que afrontar los problemas. Yo siempre me he sentido orgulloso de mi capacidad para poder abandonar desde una habitación hasta una vida sin hacer apenas ruido, y es ahora cuando me doy cuenta de que tiene más mérito cerrar la puerta de la habitación que abrirla. Quedarse y arreglar aquello que te da miedo y te hace irte para demostrarte poco a poco que puedes empezar a sentirte orgulloso de ser una persona incapaz de huir y de esta manera poder resistir y crecer.
Algo caótica es mi vida. Siempre con mis más y mis menos. Siempre buscando un rayo de luz en mi callejón de sombras. No es divertido, simplemente es lo que hay. Llevo 20 años viviendo de esta manera y prometo que no voy a cambiar. Que todas estas palabras serán parte de mi olvido en apenas unas horas. Que todos estos lamentos serán polvo del pasado en cuanto cierre los ojos y mis fantasmas comiencen a hacer limpieza. Yo soy difícil, pero gracias a mis fantasmas, soy imposible.

lunes, 10 de marzo de 2014

La magia de la música.

  Te marchaste sin hacer ruido. Recogiste la ropa de la silla desde donde horas antes te miraba desnuda sobre la cama. Te fuiste, dejaste a un pobre hombre tirado y confiado sobre la cama. Como si de un fantasma se tratase, recogiste todo y desapareciste sin que yo me percatase.
Al despertar, imaginé que estabas en el baño, después en la cocina y acabé mentalizándome de que te marchaste porque debías de irte.
Las mil llamadas perdidas que jamás tuvieron respuesta me hizo pensar que algo iba mal. Que ya nunca volverías. Los días pasaban lentamente. Las horas se quedaban paradas esperando a que me volviera loco.
Hasta que decidí ir a verte. Así que cuando te vi salir de tu casa con mis sentimientos bajo el brazo lo supe. Supe que hubo un adiós tan corto y silencioso que a mí me pilló durmiendo.
Tras eso, hubo un tiempo en donde me solía sentar en esa silla y pasaba horas mirando las arrugas del edredón imaginando que tú eras la culpable de tal desorden.
Debiste llevarte la cabeza también, por error, y con ella la cordura la cual se encontraba en una esquina de esta.
Ahora, no tengo cabeza, cordura ni sentimientos.
Me gusta imaginar que soy un ente superior, un ente que no siente, un ente que solamente está para poder completar el círculo. Pero este ente tuvo un tiempo en el que miraba al horizonte y le gustaba recordarte. Primero el pelo oscuro, luego los ojos, la gran sonrisa y por último el gran cuerpo que un día abracé creyendo que sería para siempre.
Pero ya no me queda nada. Ningún recuerdo claro me queda. Desgasté los recuerdos de tantas vueltas que les di. Se deshicieron del uso.
Los meses pasaron. Los meses de lluvia llegaron y se fueron. Y el calor vuelve de nuevo.
Todo este tiempo me ha servido para darme cuenta de que eres mi mayor error y mi mayor acierto. Valió la pena tenerte, pese a luego perderte. Pero luego no valió la pena tenerte, pues al perderte sólo quería tenerte.
Un caos se creó en mi cabeza el día que te vi en brazos de otro. El mundo pitó cinco minutos de descanso para que pudiera sentarme y martirizarme con lo que había visto. Varios días sin dormir siguieron a esa escena. Días de insomnio que disfruté contando los mil puntos de gotele que hay sobre mi cama.
Luego me enteré de que soy un paranoico, que por él sientes realmente amor. Que yo fui algo sin nombre. Que no tenía derecho a sentir. Que no me había leído la letra pequeña del contrato que llevabas en el bolso el día que cruzaste el marco de la puerta de mi casa.
Mil ideas abordaron a este cuerpo falto de sentimientos, pero ya daba igual. En alguien insensible me había convertido. Y para aquellos que dicen que el tiempo lo cura todo, he de decirles que lo que cura todo es el olvido, no el tiempo. El tiempo te regala la posibilidad de recordarla hasta el infinito. Es el olvido el que te ayuda a hacer desaparecer tus recuerdos y así no volver a pasarlo mal. Pero la verdad es que en esta vida todo pasa. Y yo ya no pienso en ti. Un día sin darme cuenta desapareciste del horizonte de mi mente.
Sin darme cuenta pasaste a ser un recuerdo del pasado. Bueno, mejor dicho, una agridulce pesadilla del pasado.
Pero cuando creía que nada podría hacerme pensar en ti, saltó esa canción en el tocadiscos. Esas notas volvieron a dar forma a todos esos recuerdos desgastados que me recordaban a ti.
Durante meses creí que te habías llevado todo. Que me habías saqueado de fuera a dentro. Pero mientras cometías el crimen dejaste algo dentro de mí. Tu música. Fuiste capaz de volver sin apenas moverte.
Siempre dije que no eras como ninguna. Que eras magia besando mis labios. Y con este truco de magia me has hecho darme cuenta de que tengo asumido tu huida.
Me di cuenta hace mucho tiempo de que nada es justo, y que cuanto antes me entere, mejor.
Llevo meses vacío por dentro. Y no sé si será la falta de relleno o mis agallas, te echo de mi cabeza prestada.
Te despido con educación y te digo que vuelve el calor. Ya es hora de volver a creerme capaz de volar.

martes, 4 de marzo de 2014

Caída libre.

Y es como una sensación de caída libre. Es caer en picado sin que nada te sujete, bajando a toda velocidad por el cielo. Sabiendo que tarde o temprano un duro suelo aguarda tu llegada.
Al principio, gritas, te mueves presa del pánico. Pero con el tiempo, llega un momento en que la voz se te acaba, el cuerpo empieza a cansarse y empiezas a cerrar los ojos y a disfrutar de la peculiar travesía.
El viento te pega contra la cara. Está frío, húmedo y poco cargando de esperanza.
De vez en cuando abres los ojos y vislumbras un gran mar de nubes repleto de colores indescriptibles y te quedas embobado viéndolo de tal manera que se te olvida todo. Hasta donde alcanza la vista ves nubes, y es en ese momento cuando comienzas a respirar lentamente y te dispones a seguir disfrutando de la caída.
Poco a poco te vas dando cuenta de que el suelo se acerca peligrosamente hacia ti. Pero apenas te inmutas.
Hay nubes, viento, silencio y tú. Eso es todo el hábitat por el que estás rodeado. Simple, ilógico y real.
En algún momento de la caída te das cuenta de que has llevado durante todo este transcurso una mochila en la espalda. No recuerdas caer sin ella, pero tampoco recuerdas haber mostrado interés sobre ella .
Es muy probable que sea un paracaídas, y puede que esto te salve la vida. Pero no te apetece averiguar si realmente es una simple mochila o tu salvoconducto hacia tu supervivencia. No es por cansancio, porque lo has debido llevar desde que la caída comenzó, sino porque no te llama la atención.
Pese a saber que el suelo está más y más cerca, sigues sin estirar el brazo para tirar de alguna de las cuerdas que sobresalen de la mochila.
Puede que no estés preparado para llevarte la decepción de que es una simple mochila, y que pese a querer sobrevivir, saber que vas a morir. O simplemente, puede que te hallas mentalizado de que tu próximo destino es estrellarte contra el suelo a toda velocidad.
Una pequeña parte de tu cabeza te pide desesperadamente que estires el brazo y tires de la cuerda. Pero aún así sigues sin cambiar de parecer.
Giras la cabeza y ves el cielo de abajo a arriba, ves todo el recorrido que has realizado, y sólo eres capaz de añorar la altura. No te planteas salvarte, sólo un retroceso en el tiempo para poder seguir cayendo un rato más.
Echas la vista atrás y no recuerdas haber vivido sin esta caída libre. No recuerdas vivir sin el aire golpeando tu cara, y el frío martirizando tu cuerpo. Puede que sea por eso que te ves incapaz de aterrizar en el suelo sano y salvo e intentar vivir como si nada hubiera ocurrido.
Pero debes dejar claro que no eres un dios, que en esta vida nada es para siempre, y que a menos que le veas sentido a desplegar el paracaídas, tu fin está asegurado.
Puede que esa persona que cae en picado sea yo, y  puede que no me haya atrevido a hablar en primera persona por miedo a que verdaderamente aquello que tengo en la espalda no sea un paracaídas.

domingo, 2 de marzo de 2014

Otro sonido de mi mente.

 Como un niño chico te miro desde el marco de la ventana de mis deseos. Sentado, con Miedo y con Esperanza a mi lado. Ambos discuten entre sí. Uno me dice que me baje de ahí que me voy a a caer, mientras que el otro me dice que aguante, que confía en que un día llegue a volar, y yo, durante esto, te miro el pelo al verte pasar frente a este pequeño ventanuco de lo más oscuro de mi mente. Entretanto, sonaban de fondo las  mil voces que hablan sin llegar a callar jamás.
El ruido es algo normal ahí arriba. Todo suena, todo opina y yo sólo escucho. Muchas conversaciones son tan efímeras como un 'Buenos días' al cruzarte con un vecino, y otras son mucho más profundas que el mar de tus ojos oscuros.
Tú, la nota básica en todos mis acordes, te veo marchar al fondo de mi mente en dirección opuesta a mis brazos mientras me levanto para verte desaparecer.....
Un día acabaré mucho más loco de lo que estoy. Pero yo no puedo culparte a ti, pues yo culpo a mis ojos. Porque son ellos los que no dejan de mirarte. Pero me siento, me tranquilizo y sólo puedo parar de culpar a estos, para empezar a culpar a mi cabeza por no parar de pensar en ti.
Es una situación algo caótica, pero es mi día a día.
He mirado mil veces cada uno de los pliegues de tu dulce cuerpo. He pensado en cada uno de los fantásticos momentos en donde podría comenzar a culpar a mis manos por tocarte, o a mis labios por besarte. Pero aún así, sigo mirándote impresionado, ante alguien impresionante.
Con tu largo pelo castaño y tus enormes ojos oscuros, los cuales me enloquecen siempre que cruzan la mirada con los míos, hacen que la espera por tenerte se haga infinita. Imposible y agónica.
Dicen que eres normal, del montón, pero si he de dejar atrás mi extravagante mentalidad por ti, adelante. ¡Pintarme de gris y negro! Dejar que pase yo a ser normal a tu lado. Pues sé que tú no eres como el resto, tú tienes algo, tú tienes esa capacidad de hacerme creer.
Voz delicada y fino cuello, así te define mi cabeza. Siempre tímida y con la mirada perdida. Y yo siempre imaginando que aquello que buscas desesperadamente con tus grandes ojos castaños, es mi cara.