I'm free to be whatever I whatever I choose

martes, 4 de marzo de 2014

Caída libre.

Y es como una sensación de caída libre. Es caer en picado sin que nada te sujete, bajando a toda velocidad por el cielo. Sabiendo que tarde o temprano un duro suelo aguarda tu llegada.
Al principio, gritas, te mueves presa del pánico. Pero con el tiempo, llega un momento en que la voz se te acaba, el cuerpo empieza a cansarse y empiezas a cerrar los ojos y a disfrutar de la peculiar travesía.
El viento te pega contra la cara. Está frío, húmedo y poco cargando de esperanza.
De vez en cuando abres los ojos y vislumbras un gran mar de nubes repleto de colores indescriptibles y te quedas embobado viéndolo de tal manera que se te olvida todo. Hasta donde alcanza la vista ves nubes, y es en ese momento cuando comienzas a respirar lentamente y te dispones a seguir disfrutando de la caída.
Poco a poco te vas dando cuenta de que el suelo se acerca peligrosamente hacia ti. Pero apenas te inmutas.
Hay nubes, viento, silencio y tú. Eso es todo el hábitat por el que estás rodeado. Simple, ilógico y real.
En algún momento de la caída te das cuenta de que has llevado durante todo este transcurso una mochila en la espalda. No recuerdas caer sin ella, pero tampoco recuerdas haber mostrado interés sobre ella .
Es muy probable que sea un paracaídas, y puede que esto te salve la vida. Pero no te apetece averiguar si realmente es una simple mochila o tu salvoconducto hacia tu supervivencia. No es por cansancio, porque lo has debido llevar desde que la caída comenzó, sino porque no te llama la atención.
Pese a saber que el suelo está más y más cerca, sigues sin estirar el brazo para tirar de alguna de las cuerdas que sobresalen de la mochila.
Puede que no estés preparado para llevarte la decepción de que es una simple mochila, y que pese a querer sobrevivir, saber que vas a morir. O simplemente, puede que te hallas mentalizado de que tu próximo destino es estrellarte contra el suelo a toda velocidad.
Una pequeña parte de tu cabeza te pide desesperadamente que estires el brazo y tires de la cuerda. Pero aún así sigues sin cambiar de parecer.
Giras la cabeza y ves el cielo de abajo a arriba, ves todo el recorrido que has realizado, y sólo eres capaz de añorar la altura. No te planteas salvarte, sólo un retroceso en el tiempo para poder seguir cayendo un rato más.
Echas la vista atrás y no recuerdas haber vivido sin esta caída libre. No recuerdas vivir sin el aire golpeando tu cara, y el frío martirizando tu cuerpo. Puede que sea por eso que te ves incapaz de aterrizar en el suelo sano y salvo e intentar vivir como si nada hubiera ocurrido.
Pero debes dejar claro que no eres un dios, que en esta vida nada es para siempre, y que a menos que le veas sentido a desplegar el paracaídas, tu fin está asegurado.
Puede que esa persona que cae en picado sea yo, y  puede que no me haya atrevido a hablar en primera persona por miedo a que verdaderamente aquello que tengo en la espalda no sea un paracaídas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario