Como cuando mueres en un videojuego, como marcarse en propia o saber que te has equivocado. Siento que necesito darle a botón de reinicio, que me arrepiento de todo lo que he hecho y hago. Yo no soy el resultado natural de la ecuación que es y ha sido mi existencia. Siento que en algún momento me equivoqué al sumar. Que tal vez los signos me hallan pasado una mala jugada.
No me sirven esas frases de que a la vida hay que tratarla con sonrisas, de que te caes para poder levantarte, y todas esos sinsentidos que la gente estúpida cree a pies juntillas.
La vida sólo tiene una dirección, esa dirección es hacia delante y no hay vuelta atrás. Sé lo que tengo que hacer para avanzar, pero no me siento capacitado para avanzar, pues no quiero seguir montado en esta nave. Necesito volver a atrás. Volver a ser libre, inocente y feliz.
Me obsesioné con ser el príncipe que toda princesa desearía, pero me di cuenta demasiado tarde de que la república se había apoderado del pueblo. Que los cuentos de hadas pasaron de moda. Y de que la fidelidad es algo obsoleto hoy en día. Poco a poco pasé a obsesionarme con ser el niño que toda niña querría a su lado y sin darme cuenta dejé de ser un niño y pasé a ser adulto.
Una cárcel de cristal negro me empezó a absorber. Lentamente dejé de ser libre. Y pasé a ser la versión marrón de mi yo impoluto. En el fondo de mi ha crecido algo que ha matado a mi antiguo yo. Pero los pocos resquicios que se han salvado, no dejan de añorar lo que un día fui.
No se puede avanzar de esta forma. Es un caos vestido de persona. No es sencillo la convivencia conmigo. Pido perdón a todos aquellos que sufren mi sufrimiento. No suelo hacer ruido cuando siento dolor. La soledad suele ser una buena opción para liberarme del sufrimiento. Pero cada día es una lotería. No sé que fantasma me despertará. Aunque eso significaría que me han dejado dormir, lo cual no es mala señal.
No recuerdo la última vez que no me desperté en medio de la noche asustado por los ruidos de mi cabeza. Con el paso del tiempo me está empezando a costar más diferenciar el mundo real del mundo de mi cabeza.
Allí mis fantasmas me visten de largo y de corto. De magnífico e incluso de único. Allí no sufro. Allí no necesito dormir, no hay voces. Es todo una utopía donde soy el protagonista.
Pero cuando salgo de allí veo la oscura realidad donde vivo. Soy el culpable de todos mis males.
He aprendido, lo juro. Quiero cambiar, también lo juro. Pero primero necesito volver a atrás.
Puede que yo también sea una persona estúpida pues tengo la frase de que todo tiempo pasado fue mejor grabada a fuego en le pecho. Pero creo que necesito volver a atrás. No me incentiva nada. Todo me sabe a gris y a repetido. ¿Dónde quedó mi gran verano moral? Donde todo era nuevo, donde el color explotaba en mi cara, donde nada ni nadie era capaz de pararme.
Me siento como el fracaso de una gran esperanza. No sé si algún día volveré a ver el color en todo esto, pero hasta entonces seguiré vagando por la vida. Sin destino, ni rumbo. Con la obsesión de mirar al cielo cada noche para ver si las estrellas me responden al fin a la pregunta que un día les hice.
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