Y hoy te escribo esto desde mi templo inexpugnable. Mi templo de cuatro paredes duras como el acero y gruesas como océanos, las cuales carecen de ojos que me miran, orejas que me escuchan y bocas que me juzgan.
Este es mi espacio, mi hueco y sobretodo mi mundo. El calor que irradian estas paredes me llena de seguridad. Aquí dejo volar mi mente, suelto mi bolígrafo.Aquí vivo sin miedo a que alguien me dañe. Mis gritos nunca serán escuchados por nadie, al igual que no escucharé ninguno de los de fuera. Este templo es la fortaleza de mis sentimientos.
Para algunos este lugar sin ventanas y sin casi muebles puede ser una cárcel, pero para mi no es nada menos que una bendición.
Las paredes las tengo decoradas con recuerdos de todos los sabores que me recuerdan de donde vengo y me señalan a donde voy. Las paredes relatan toda mi historia a lo largo de la oscura y cálida habitación.
Existe un hueco para aquella noche que mi infancia desapareció. La parca se la llevo junto con un ser querido. Existe otro para aquel momento que estuve tan cerca de saltar...pero que una llamada de mi interior me frenó. Y otros tantos recuerdos que me hacer ser lo que ahora soy.
Dentro de este templo no distingo ni los minutos ni las horas. No sé los días que han pasado sin que te viera esa linda mirada. ¿Cuántos días han pasado desde la última vez que te vi? Esta es una de las tantas preguntas que en ocasiones me rondan la mente, pero rápidamente se disipa entre todas aquellas dudas que tengo sobre si lo que siento hacia vos es reciproco. Dudo que me añores, dudo que tu mirada me busque entre la multitud, dudo que vivas una agonía sin mi como la que vivo yo, y dudo que tu corazón me sienta pese a la distancia. Un mar de dudas que cada momento que pasa me deja más claro que ella no padece nada al yo no estar a su lado. Simplemente desapareció un estorbo más de su vida.
Ahora intento vivir feliz. Cada segundo que pasa el recuerdo de tu mirada me duele menos pues lentamente se me va olvidando. Tu voz se me borra de la mente al igual que ya apenas recuerdo tu impresionante cuerpo.
Tal vez algún día me disponga a tirar abajo estas paredes y me disponga a salir de nuevo. Pero de una cosa estoy seguro, que el día que lo haga te buscaré de nuevo como un imbécil. Por eso sé que mientras siga con ese pensamiento en la cabeza no estoy preparado. Tal vez cuando ponga un pie fuera de este templo la luz del gran Sol me ciegue y me tenga que volver a refugiar en la penumbra Donde la luz no llega y donde las palabras no duelen y ni se clavan como puñales.
Pero hasta ese día estaré en este templo intentándote olvidar.
Te escribe atentamente aquel loco que un día creyó ver posibilidades de un nosotros y no en un triste yo, el cual se había habituado a vivir.
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