Eres la pared con la que día a día me golpeo. Las heridas no saben sanar, pues ni pueden sino paro de golpearme una y otra vez. Juro que no pararé hasta que no te consiga.
Yo perseguí una larga y compleja sombra, pero de nuevo la dejé escapar sin darme cuenta.
Intenté mejorar e incluso cambiar por conseguirte. Me propuse dejar atrás todo si tu eras la recompensa por ello. Pero con el tiempo me he dí cuenta de que no debo mejorar, no debo cambiar, ni incluso esperar. Debo quedarme como tal para algún día sino te consigo pueda desaparecer en paz.
Si el miedo de la noche te viene a angustiar, búscame. Estaré despierto esperando a que llegues. Me pasaré la noche en vela esperando que tus labios pronuncien de nuevo mi nombre.
Pero día a día la vela de mi esperanza de consume lentamente. Por suerte o por desgracia para ambos, algún día esta se consumirá completamente. Ese día desapareceré de tu vida, pero no hay miedo pues sé que cuando esto ocurra tú no me buscarás e incluso ni te inmutarás. Pues si no te importe durante este tiempo, ¿qué te va a hacer cambiar de opinión de la noche a la mañana?
Este adiós no será sonado, ni entre focos ni luces de colores, sino será discreto, sutil y apagado. Al igual que mis sentimientos, los cuales se fueron degradando con el paso del tiempo.
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